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| May 29, 2009 | Histórico

El Leo, el ayer y hoy de Cabecera

Desde 1965 funciona este emblemático almacén, que ha sido testigo de buena parte de la historia de Cabecera. El Leo era como un micromercado y aunque enlos años 70 la llegada de los almacenes de cadena fue dura, su legado permanece en Cabecera.

La otrora solitaria Cabecera tiene un testigo de su historia que hoy permanece visible para muchos bumangueses.

Mientras las calles le daban poco a poco su paso al progreso, una familia veía esos cambios en un lugar que desde 1965 permanece incólume en la memoria y en la realidad de quienes habitaron este barrio.

En la carrera 33 con calle 45 quizá no tan imponente como en otra época, pero aún notable para la ciudad, está el Almacén Leo.

Este espacio provoca en más de uno diversos sentimientos, evoca recuerdos de la infancia y todavía sirve como punto de encuentro.

Su inspirador fue Salvador Rodríguez, un hombre que hoy cuenta con 88 años de edad y al que quizá quienes aún son vecinos, y quienes ya no lo son, pueden reconocerlo.

Contó Guillermo Rodríguez, uno de sus hijos, que siempre fue un hombre interesado en llevar adelante este tipo de negocios.

Por eso, después de su matrimonio con Hermelina Navas don Salvador, quien se desempeñaba como secretario General en el Colegio San Pedro Claver, comenzó un negocio pequeño que se llamaba La Cabaña.

Luego la calle 48 con carrera 28 se convertiría en otro de sus sueños comerciales, pues compró el Almacén Sotomayor a Ramón Uribe.

Guillermo explicó que quizá hacia 1962 ó 1963 sería la época en que empezó a construirse el Edificio Leo, por parte de la constructora Martínez Villalba, que sería el tercero sobre la carrera 33 después del Hospital Ramón González Valencia y el Edificio Santa Lucía. Con ello los sueños comenzaron a ser otros.

Según recordó Guiller-mo, en el primer piso de ese edificio se contaban dos locales que le fueron ofrecidos a don Salvador, quien para adquirirlos negoció con la constructora para que además le construyera un apartamento acorde a las necesidades de su familia. Para entonces la pareja Rodríguez Navas tenía 10 hijos.

Así fue, don Salvador obtuvo los locales y también la vivienda con las características solicitadas. De los dos locales se formó uno solo y durante muchos años reposó en la esquina el aviso de Almacén Leo, el cual fue abierto al público a finales de 1965.

Guillermo indicó que al principio el propósito de su padre requirió trabajo duro porque el barrio era muy solitario. Sin embargo, con el tiempo el lugar fue teniendo acogida porque allí se encontraban cosas exclusivas.

“En la época mi papá atendía directamente el negocio con mi mamá y nosotros los hijos ayudábamos.  Había reconocimiento de parte de las familias que residían en el sector y era un punto de encuentro de todo el mundo”, comentó.

Cuando se hacían las celebraciones familiares todos tenían que ver con el Leo porque allí se vendían los pasabocas, los licores y todo lo que se necesitara para la fiesta.

Allí también se conseguían otras cosas bien particulares que incluso hoy en día bumangueses que visitan la ciudad y que residen en otras partes del país vienen a buscar.

Guillermo nos contó por ejemplo, que a veces personas provenientes de Bogotá o de algunas ciudades de Estados Unidos venían a buscar los ‘pocicles’ que eran “un helado de cola, como una paletica de agua con cola que eran de la Heladería Victoria, la cual dejó de existir hace algunos años”.

En el Leo se conseguían los famosos jamones de Pamplona, los quipes que producían Helena Nassar de Farah y el ponqué de doña Maruja de Peña.

El Leo también fue lugar de tertulias, una tradición que aún se conserva.

“Más o menos en el año 77 se empezó a reunir un grupo, el que nosotros denominamos el grupo de los Zapatocas, que eran personas que escribían para diferentes medios de comunicación. Estaban Norberto Serrano Gómez, Leonidas Ardila, Héctor García, Mario Serrano y Pedro Elías Ardila. Se reunían los sábados y domingos. Después fueron viniendo otros que heredaron esa tertulia de los domingos”.

Don Salvador estuvo al mando del Leo hasta 1988 y luego fueron sus hijos los llamados a dar continuidad a este tesoro.

Guillermo estuvo desde 1981 y luego a partir del 4 de marzo de 1988 él y su hermano Diego estuvieron al frente del almacén.

Con los años Guillermo se quedó solamente con el negocio de la música y es en ese espacio donde se encuentran las diversas expresiones artísticas de Bucaramanga y Santander, trabajos que se consiguen en pocos lugares.

Diego por su parte ofrece hoy otra clase de servicios como el correo, o papelería.

Aunque el camino del Leo después de 43 años de existencia no ha sido fácil, esta familia tiene una satisfacción muy grande y es la de haber preservado este lugar como un representativo de la Cabecera antigua y actual.

Algunas Fotografías

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Comentarios

  1. Gabriel Gonzalo VillaRoel dice:

    Todavia Don Salvador asusta a los ninos que se recuestan en su vitrina de vidrio? Uno de mis mas emocionantes recuerdos de nino. Don Salvador hacia rugir su dedo pulgar contra el vidrio de la vitrina una manera extrana de decir A la orden…que nosotros de ninos apreciabamos por eso de las emociones fuertes. Detras de la compra de unos chicharrones, un popsicle de cola, y un paquete de arroz soplado de colores, venia el estruendo del dedo pulgar. Don Salvador Dios lo conserve con buena salud.
    Un carinoso saludo desde USA. Esos tiempos y el LEO eran una delicia.