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| Sep 18, 2009 | Nuestra Gente

La expresión sublime de la música

Después de 11 años de residir en el exterior, volvió a Colombia para dejar un legado de su trabajo musical, bien representado por la Orquesta Sinfónica de la Unab.

“No creo que exista alguien a quien no le apasione la música. Es el lenguaje más sublime y universal que hay”

Muy santandereano y muy colombiano, así se declaró Sergio Acevedo, director de la Orquesta Sinfónica de la Unab, que vio en estas tierras la posibilidad de dejar un legado. Y es que la ciudad ha sido testigo de ese fuerte trabajo que ha cambiado la manera de escuchar y darle un lugar a las expresiones musicales. Es bumangués y como otros representantes de esta región se sintió atraído por el arte desde niño. Su madre interpretaba el piano, a su padre le gustaba escuchar discos y él saciaba su curiosidad y deseos de aprender tocando un piano que existía en su casa. Pero en esa época tomar la decisión de estudiar algo relacionado con el arte no era tan sencillo. Por eso primero se inclinó por la arquitectura y luego estudió filosofía y letras sin llegar a concluir ninguno de estos programas.

18gecab04a002Su familia terminó aceptando su deseo de estudiar música y lo alentó a cumplir ese sueño, para lo cual viajó a Europa. Estudió en Viena ya que, según explicó, “era el mejor lugar del mundo para hacerlo y la educación era muy económica, prácticamente gratuita”. Realizó sus estudios en la Universidad de Música y Artes Representativas en Viena y obtuvo su grado como director de orquesta en la Academia de Santa Cecilia de Roma.

Igualmente, se formó en la Accademia Chigiana de Siena y el Teatro La Fenice de Venecia en Italia. Vivió en Austria, Italia y Alemania, experiencias que dejaron buenos recuerdos, pero en su opinión por más años que pase en otro país siempre será visto como un extranjero. Su trayectoria profesional lo ha hecho digno de diferentes merecimientos, como el Premio Firenze en el concurso mundial para jóvenes directores de orquesta que recibió en Florencia (Italia). De igual manera, en 2007 fue reconocido como Ciudadano meritorio por los gobiernos de Santander y Bucaramanga.

Su trabajo es reconocido en todo el país. No en vano fue “director titular de la Orquesta Sinfónica de Antioquia, director asociado de la Orquesta Sinfónica de Colombia e invitado en varias oportunidades a la Filarmónica de Bogotá y la Sinfónica del Valle. En el exterior, entre otras, ha dirigido orquestas de Estados Unidos, Alemania, España, Polonia, Italia y Cuba”, indica su biografía publicada en el sitio web de la Universidad Autónoma de Bucaramanga, Unab.

18gecab04a003Todo esto ha sido motivo de grandes satisfacciones para Acevedo, pero quizá una de las más significativas ha sido su paso por esa universidad. Allí llegó en 1994 invitado por el entonces rector Gabriel Burgos para hacer parte de la Facultad de Música de la cual fue el primer decano. De esa época recuerda que “Bucaramanga no era muy rica en profesionales de la música, había pocos docentes y no había una trayectoria musical para que los muchachos se interesaran en estudiar esto”. El tiempo fue demostrando que en la capital santandereana existían el talento y el interés y se rompió con esos paradigmas.

“Hoy hay un gran cuerpo de profesores y estudiantes y egresados que confirman que las cosas se han hecho acertadamente”, comentó. Otro de sus retos, que ha dejado huella en el alma de lo bumangueses es su permanencia como director de la Orquesta Sinfónica de la Unab y los ya conocidos conciertos en diferentes lugares de la ciudad.

“Antes no había quién les diera esos conciertos, no existían. Nunca había existido una Orquesta Sinfónica estable que durara más de tres conciertos. Este esfuerzo que ha hecho la Unab lleva seis años. No tocamos todas las semanas como las orquestas profesionales de otras partes del mundo, pero hay una programación que le da la estabilidad”, indicó. Se siente afortunado de vivir en Bucaramanga, disfrutar de la comida, la gente y de afabilidad. Todo esto junto a la respuesta de un público que lo hace pensar que ha valido la pena, pero que aún hay camino por recorrer.