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| Ago 6, 2010 | Nuestra Gente

Llevan su labor a los más necesitados

Miguel Roberto y Álvaro Meza

Miguel Roberto y Álvaro Meza

La labor de embellecer rostros, de darle un nuevo estilo al cabello y de asesorar imagen, no queda solo en los salones de belleza. Por lo menos es el caso de Miguel Roberto y Álvaro Meza, dos estilistas de la ciudad que mediante su oficio han alegrado el rato de muchas personas de Bucaramanga.

Miguel Roberto lo hace con los presos de la cárcel Modelo, de Bucaramanga, a quienes visita todos los martes. Álvaro por su parte visita barrios de la ciudad peluqueando y enseñando a quienes quieran aprender sobre esta labor. Gente de Cabecera habló con ellos, quienes contaron su experiencia y las razones que tuvieron para emprender esta hermosa causa.
El que quiera aprender, bienvenido sea ese es el lema de Álvaro Meza, dueño de un salón de belleza de Cabecera y quien ha dedicado sus últimos años a enseñar cortes, peinados y pautas sobre asesoría en imagen. su labor inició desde el año 2004, en ancianatos, centros de rehabilitación y también en la cárcel de mujeres.

“Voy siempre a peluquear gratis a barrios de bajos recursos. De allí salen muchas mujeres y jóvenes que quieren aprender y les enseño, porque esto es un arte que se debe multiplicar”, dijo el estilista con 30 años de experiencia en el tema. sobre sus visitas a ancianatos y otros centros, dijo que como todo en su profesión debe hacerse con precauciones, cuidados, ver los cueros cabelludos y saber qué se les va a hacer.

“Lo hago porque uno sabe que con esta labor se les lleva alegría y se les sube el autoestima a las personas. nos gusta conversar con los abuelitos y los jóvenes de los centros de rehabilitación”, concluyó al tiempo que mencionó barrios como la esperanza, san Martín y Transición, a donde ha llevado su talento para que otros lo aprendan.

Presos de la solidaridad

Miguel Roberto llega puntual a su cita de los martes a las 8:30 de la mañana. Los internos de la Cárcel Modelo de Bucaramanga esperan ansiosos la llegada del hombre, quien acompañado de otros seis estilistas los peluquean. La labor que se extiende hasta las 11:30 de la mañana que permite a los visitantes hacer cada uno entre 20 y 25 cortes. La idea surgió hace 25 años cuando visitó a un amigo en el centro penitenciario y éste le pidió el favor que lo peluqueara. Entonces como pudo pidió prestadas unas tijeras y lo logró.

Esto llamó la atención de los otros reclusos, quienes le pidieron que hiciera lo mismo con ellos. Y ese sábado de visita se convirtió en sábado de trabajo. Así se fue repitiendo la historia. Hoy lo hace cada ocho días, mientras que en la cárcel de mujeres El Buen Pastor lo hace una vez al mes. “Allá es quizá más divertido, a las mujeres les gusta más el cuento del cuidado del cabello y la belleza. Lo bueno de todo esto es que mientras hacemos el corte les hablamos, les damos consejos de cuidados con el cabello y les contamos qué pasa fuera de la prisión”.

Por el momento Miguel, quien tiene su salón de belleza en Sotomayor, busca con instituciones gubernamentales y empresas privadas el patrocinio para montar en el centro penitenciario una peluquería.