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| Nov 5, 2010 | Histórico

La tradición se mantiene

Han pasado 34 años y don Pedro Téllez reacuerda como si fuera ayer el día en que compró la cafetería que se convirtiera en un ícono de Bucaramanga. Mi Cabaña. Así decidió llamar el negocio que adquirió en 1976 y que en poco tiempo se transformó en el sitio tradicional para compartir en familia. “Cuando se lo compramos a una familia de apellido García estaba muy abandonado, dejado, tuvimos que trabajar bastante para levantar el negocio y darle vida”, dijo desde su residencia en Cañaveral, donde comparte con su esposa María Helena Garay.Mientras se erigía el futuro de la panadería que ofrecía pan de cascarita, pan francés y jamón de Pamplona, la carrera 33con calle 42, a principios de los años 80, dejaba de ser una zona despoblada, sola y daba los primeros pasos para ser el nicho comercial que hoy se impone en Cabecera.

“Al poco tiempo montaron el restaurante La Frontera en la esquina del frente, donde ahora es Mercagán. Seis u ocho años después de tener mi negocio, Roberto Janiot, el futbolista, montó el restaurante La Tranquera que era una venta de carne, pero no le dio resultado en ese sitio”, dijo sobre los establecimientos comerciales que abrieron sus puertas en el sector. Más vitrinas y variedad de pan, venta de gaseosa, perico y jugos hicieron que Mi Cabaña siguiera creciendo y que hoy muchos sigan frecuentando el sitio al que sus padres llevaban desde pequeños.

Así lo comenta también Irma Moreno, quien desde hace 10 años es la propietaria de la panadería. “Viene mucha gente adulta, mayor que por tradición compran su pan y se sientan a tomarse un tinto charlado. Ellos dicen que recuerdan que desde niños los papás los traían a comprar el pan acá y que por eso no han dejado de venir”, comentó Moreno.

En el 2010

Hoy en día este es uno de los establecimientos comerciales más antiguos sobre la carrera 33. Conserva el mismo nombre y clientela con casi tres décadas de fidelidad. Don Pedro Téllez cumplió ya tres años de estar en su casa, descansando junto a su esposa María Helena. De sus negocios se encarga una hija suya, quien además está al frente de una panadería en el barrio Provenza.