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| Nov 25, 2011 | Columnistas

¿En qué paró el paro estudiantil? I Parte

¿Ahora sí estarán contentos los capuchos? Seguramente sí, pues nunca se les ha visto el amor por la academia ni mucho menos por la universidad.

O cómo se explica que fueran capaces de hacer lo que hicieron en junio cuando destruyeron parte de su estructura académica. En esa ocasión las barbaridades contra el alma mater costaron cerca de cuatro mil millones de pesos, platica que hubiera servido para la misma universidad y eso sin contar los daños a los negocios del vecindario.

Los costos pueden llegar a ser mucho mayores, solo que son muy difíciles de cuantificar, sin embargo debemos saber que la nómina de la universidad sigue causándose aunque no haya clase.

Todo desplazamiento, desde los sitios de origen de los estudiantes, requiere de unos viáticos, lo que representa medio año en la vida productiva de cada profesional y el costo social que implica el traumatismo de la universidad.

Ahora bien, de ninguna manera estoy de acuerdo con que se expidan leyes por debajo de la mesa, en ese sentido, debo decir que el Gobierno debe aumentar y no disminuir la inversión per cápita en la población estudiantil y no disminuirla so pretexto de aumentar la cobertura, pero eso será tema de otro momento.

(Continúa en la próxima edición)

Por: Jairo Velandia.