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| ene 27, 2012 | Punto de Vista

Hay que rescatar la puntualidad

FABIO EDUARDO PEÑA G. / EDITOR GENTE

FABIO EDUARDO PEÑA G. / EDITOR GENTE

Ser puntual es un gesto de educación, de respeto, de cortesía.
Ser impuntual denota desorganización, falta de consideración por los demás y poca seriedad.
Nunca es tarde para empezar a ser puntuales y eso sí que lo necesitamos en nuestro medio.
Citar a eventos, reuniones con o sin formalidad y no cumplir es como despreciar al otro y faltarle al respeto.
Es eso justamente lo que nos está pasado en nuestro medio.
Nos da lo mismo decir que una reunión empieza a las cuatro que las cuatro y media. A otros les importa poco llegar a tiempo que media, una o hasta dos horas después de la cita.
La carrera que ha hecho la impuntualidad ha llevado a que se pierdan oportunidades, se dañen negocios y hasta se rompan relaciones.
Lo malo es que el camino que ha cogido la mayoría es el de la impuntualidad.
Cuentan que el exgobernador Horacio Serpa tenía gran respeto por los horarios y que el nuevo mandatario departamental no solo los respeta, sino que los hace cumplir a rajatabla.
Es un buen ejemplo a seguir.
Si queremos progresar uno de los ingredientes primordiales es el cumplimiento de los horarios, la disciplina y la seriedad.
He asistido últimamente a varios eventos y, salvo contadas excepciones, la mayoría empieza tarde y lo que es peor, los que llegan tarde son los primeros en torpedear la reunión.
Las citas son para cumplirlas.
Ojalá empecemos todos a ser cumplidos y de seguro seremos mejores.
Que el ejemplo empiece por las administraciones municipales, los médicos, los bancos, los periodistas… etc.