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| Feb 10, 2012 | Columnistas

Los noticieros de televisión

Gilberto Camargo Amorocho

Gilberto Camargo Amorocho

Los eruditos en comunicación cuentan que las definiciones y diversas concepciones de los teóricos del sensacionalismo enfatizan la intencionalidad de impacto, emoción, o reacción en el perceptor del mensaje periodístico.
Se dice que sensacionalismo “es la modalidad periodística (y discursiva por tanto) que busca generar sensaciones –no raciocinios- con información noticiosa”.
Ese imaginario conceptual lo siento hoy como ciudadano común.
Llegar de viaje y prender el televisor en busca de información para enterarse de cómo está el país, es hoy difícil. No hay programas locales y nacionales dónde obtenerla, la única esperanza son los noticieros pero de meses para acá cambiaron su contenido y estilo de emitir.
Ahora vemos con frecuencia riñas, peleas, violaciones, balas perdidas, atracos, muertes violentas, pareciera que el centro de edición son las inspecciones de Policía.
Claramente se concluye: un noticiero no es una muestra equilibrada de la realidad que percibimos. Triste, pero es una forma empresarial de informar, todo debido a la alta audiencia que genera cultivar morbosidad.
Es cierto las debilidades de una sociedad no se deben tapar, pero debemos pensar que en Colombia es más lo bueno, se dice que es el 95% de las acciones (día).
Por eso exigimos cambiar las reglas de juego en lo que respecta a informar masivamente.
Muchos estudios hablan del gran aporte que hacen los medios a jalonar conductas comunitarias, hasta el caso que se les considera sabios, sagrados y benditos, así lo deduce la frase del común: “si lo dicen ellos es porque es cierto”.
El papel que tiene la comunicación social en el progreso de una sociedad es fundamental. Los buenos en el mundo somos más, necesitamos más difusión.