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| Mar 2, 2012 | Gente de Aquí

Chana y su pasión por la canela

Silvia Juliana Aparicio Orozco tiene 32 años y es una empresaria en el campo de los restaurantes y las bebidas.

Silvia Juliana Aparicio Orozco tiene 32 años y es una empresaria en el campo de los restaurantes y las bebidas.

Los recuerdos de infancia de Silvia Juliana Aparicio Orozco giran alrededor de la cocina. En ese escenario contempló el sueño que se hizo realidad hace siete años: Cinnamon.

Chana, como la conocen sus amigos y familiares, además de ser hermana, hija, esposa y recientemente madre pues apenas se entera que está en embarazo, tiene la dicha de ser una de las empresarias más exitosas de la ciudad.

Tiene 32 años y es una precursora de la creación de la cultura alrededor del té y el café que en estos días fluye en el campo de los negocios bumangueses.

Como todo joven emprendedor quiso empezar por lo alto: exponiéndose a un resbalón y caer al abismo, o saltar a la cima del éxito. Por fortuna, gracias a su talento y a la perpetua compañía de su esposo Carlos Andrés López pasó lo segundo.

Él le pone la cara a los números, la parte administrativa, personal y proveedores mientras que ella maneja el mercadeo, el servicio y su especialidad: el producto.

Y por eso, por sus recetas y productos se ha preparado para cumplir con sus labores, pues además de ser ingeniera industrial de la Universidad Pontificia Bolivariana y especialista en Mercadeo de la Unab, perfeccionó sus conocimientos en cocina en el Instituto Mariano Moreno de Argentina.

Chana es lo que soñó cuando era niña y rompía huevos al lado de su mamá, mientras ella los batía para hacer tortas. Chana es hoy la empresaria gourmet que aspiró a ser cuando estudiaba en la universidad y le preguntaban qué sería de su vida tan pronto se graduara.

Chana, junto a su esposo, es la propietaria de Cinnamon.

Chana, junto a su esposo, es la propietaria de Cinnamon.

Una gota de confianza fue suficiente

–Este es mi sueño, quiero montar un negocio de comidas en La Quinta Centro Comercial, en el último piso.

– ¿En el último piso? ¿Dónde nadie sube? ¿Si apenas hay dos o tres negocios en ese piso, quien va a ir a comer o a tomar café allá?

– Sí, allá.

– Es una locura, pero no importa, te apoyamos y confiamos en tus capacidades. Sabemos que sabes lo que haces.

Y así don Germán y doña Esperanza le dieron el aval económico a Chana para poner la primera piedra de la cima en la que hoy está subida.

Entonces, luego de venir haciendo tortas para las amigas de su mamá, decidió abrir una burbujita en La Florida Centro Comercial donde vendió postres de paso.

Pero la idea crecía y la oportunidad se dio en La Quinta, empezando también con un local pequeño que se amplió en el año 2007.

Y sus clientes, la mayoría vigentes, además de degustar postres, un café o un té, pidieron comidas. Y con sánduches, ensaladas y creps quisieron ofrecer comidas rápidas pero saludables.

“Hoy es un sitio que ofrece varias opciones: se puede almorzar, quedarse en la tarde para tomar un café, un postres; en la noche se puede comer y hasta tomarse un vino. Es un espacio cómodo y propicio para compartir con los amigos”.

Y esa luz que la guió desde el principio la acompaña hoy, cuando su marca está en 5 puntos del departamento (La Quinta, La Florida, la calle 42 junto a Mercadefam, en el centro comercial San Silvestre de Barrancabermeja y actualmente en Megamall).

Desde niña en la cocina

Junto a su mamá y a su ‘nana’ dio sus primeros pasos en la cocina. Más adelante, cuando estudiaba la especialización, sus compañeros eran los ‘conejillos de indias’ pues por sus paladares pasaban los platos que Chana se inventaba y los aprobaban o desaprobaban.

Reconoce que en su casa, además de su mamá, sus hermanos Juan Pablo y María Claudia  tienen buen gusto para la comida, pero no el talento para prepararla.

“De niña mi hermana me decía que el novio iba de visita a la casa y yo hacía los brownie, le explicaba el proceso de preparación y ella decía que era la autora de mis recetas”.

Entre la naranja y el chocolate

La canela (Cinnamon en inglés) siempre ha estado alrededor de su idea de negocio.

“Tengo una prima que se llama María Canela y la primera torta que hice fue de manzana, canela y nuez. La canela significa abundancia”, dijo sobre la atracción con este término que también se envuelve entre el color naranja de las bebidas y el chocolate de sus postres.

“Todo entra por los ojos y a los cliente les gusta la buena presentación tanto personal como de los productos. Es el consejo para quienes trabajan en este medio: tener paciencia, confiar en lo que se hace e invertir en imagen”.