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| Mar 9, 2012 | Columnistas

Conducir moto y la vida urbana

Gilberto Camargo Amorocho

Gilberto Camargo Amorocho

Cada vez son más, ya casi llegamos en Bucaramanga y su área metropolitana al número 200.000.

La facilidad de la adquisición de motocicletas ha masificado su uso, pero llama la atención la alta accidentalidad. El riesgo de morir en un accidente de tráfico mientras se conduce una motocicleta es 17 veces mayor que al volante de un vehículo de 4 llantas, según ha advertido el Instituto Español de Seguridad Vial, organismo que presentó un estudio que la compañía aseguradora ha elaborado sobre la siniestralidad, pues allí ha aumentado un 83% entre los años 2003 y 2007.

El gran problema que tiene hoy la moto es la versatilidad para adentrarse por donde sea, por las características volumétricas, su diseño y su peso.

Estos aspectos hacen que el saber manejar moto no basta con tener equilibrio corporal y ser ágil, pues la maquina genera una cultura más refinada y exige un mejor comportamiento cívico.

Pero lastimosamente la realidad denota una actitud totalmente contraria y eso ya está creando caos hasta con el peatón, pues se viola toda norma.

Sería recomendable que los vendedores dieran una pequeña inducción sobre el impacto social de este velocípedo para hacerlo cada vez más un ejemplo para la movilidad.

Recomiendo a todo conductor de este móvil fomentar la prudencia y comprender la tendencia al peligro que conlleva cuando se abusa, en especial de la velocidad.

Buscamos no generar más calamidades sino entender el gran principio por el cual nos atrevimos a tomar la decisión de comprarla.

También recomendaría que lean más la prensa para que evalúen y no cometan los mismos errores y se enteren de la cantidad diaria de accidentes de motos, el 100% se podían haber evitado.

Bucaramanga necesita medios de movilidad que perduren la vida y la mejor manera es cultivar la prevención, respetar las normas, acatar las señales y mitigar las tentaciones.