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| Jun 14, 2012 | Columnistas

La cultura y la reflexión

La cultura de una mente no se mide por la cantidad de cosas aprendidas. Ser culto no es saber mucho, haber acumulado conocimientos, ser un pozo de ciencia, un diccionario ambulante, ni haberlo leído todo. Puede darse así la ilusión de la cultura sin ser culto.

Un hombre culto “digiere” lo que aprende. La cultura es un hábito contraído por el espíritu de conocer por asimilación.

Cuando se transmiten ideas a las personas se tiene la impresión que no saben más que volverlas a decir tal cual, esto es, repetirlas.

Otros por el contrario mencionan las ideas y las devuelven renovadas, expresadas en otros términos con nuevos puntos de vista: Son las personas cultas.

La reflexión es percibir algo como un problema que se plantea, luego inventar una solución para el problema que nos afecta, comprobando y acercándola a los hechos.

Reflexionar es descubrir que todavía hay misterio en lo que se creía saber. La gente que reflexiona continuamente se está preguntando en todos los órdenes del saber.

La cultura y la reflexión nos hacen cambiar de actitud a los que vivimos en comunidad, comprendemos más y practicamos las normas de convivencia. Valoramos y  ponemos en ejercicio la cultura ciudadana que tanto hace falta en nuestra ciudad, como decía Lao-Tsé “El sabio no enseña con palabras, sino con actos”.

No olvidemos que es a la comunidad a quien le corresponde poner en práctica las mejoras sustanciales en la convivencia, la seguridad y el respeto mediante acciones sobre la cultura ciudadana y no a las acciones jurídicas.

En la construcción de la cultura ciudadana con sentido de pertenencia, tolerante, capaz de concertar y cumplir los acuerdos juega un papel preponderante nuestro compromiso con la ciudad, convirtiéndonos en agentes multiplicadores.