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| Oct 19, 2012 | Punto de Vista

Control a la contaminación auditiva

Fabio Peña

Fabio Peña

Hay un mal que está haciendo carrera en la ciudad y que se ha ido metiendo poco a poco a través de nuestros oídos sin que nos demos cuenta.

Se trata de la contaminación auditiva.

Ese exceso de ruido que hoy existe en el ambiente provocado por el tráfico vehicular, los equipos a alto volumen, algunas ventas callejeras, las construcciones y obras civiles, entre otros, puede alterar la calidad de vida si no se controla.

Según la Organización Mundial de la Salud –OMS- los 70 decibeles son considerados como el límite máximo permitido en la escala de tolerancia del ruido; de ahí hacia arriba se considera nocivo y puede producir efectos fisiológicos y sicológicos en la persona.

Sin embargo, en el área metropolitana es posible que esa medida esté siendo superada, pues en los últimos años se ha notado un aumento en los índices de ruido.

En las calles del centro, Cabecera o Cañaveral es donde más se nota esta situación.

Ventas ambulantes con parlantes a través de los cuales se ofrecen desde tomates, hasta simcard de importantes multinacionales, pasando por bafles con ruedas que vomitan rancheras, vallenatos y despecho, de 8 a.m. a 8 p.m., se suman al pito de los carros en las congestionadas vías, el ruido de taladros, martillos y mezcladoras de obras en ejecución, generando un caos auditivo.

Sería importante que las autoridades empezaran a mirar este problema y a poner controles especiales a quienes acostumbran hacer ruido de manera deliberada, ya que esto puede empezar a generar malestar en el diario vivir de la comunidad.