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| Nov 16, 2012 | Columnistas

La cordialidad urbana

Los que nos criamos en la ciudad copada de socialidad y cordialidad, con vecinos donde siempre reinó la confianza, la reciprocidad y el compromiso por el sentido de cuadra o barrio, con el tiempo nos hemos dado cuenta que cada año se le quita un pedacito a esa grata nostalgia.

Ya cuadra ni vecindad existe. Pasar de vivir en casa a un apartamento cambió el tipo de relación.

La ciudad y su diseño de hábitat va en un viaje desfrenado hacia la deshumanización, a la comunicación despersonalizada o mejor a los diálogos sin personas enfrente.

Como dice una caricatura: “Si tiene más de 2000 amigos virtuales, porque nadie vino a su sepelio?”.

Debería ser una prioridad en los planes de desarrollo el rescate de la confianza ciudadana.

Qué bueno que apareciera en el pensum académico de colegios y universidades la asignatura Cordialidad Urbana, con prácticas, tareas y escenarios directamente con la realidad, así sería más fácil recomenzar la labor de la ciudad como debe ser: Construcción Colectiva.

Cada vez son más los planes de reordenamiento urbano que se alejan de ese gran objetivo.

Razón tenía en la antigüedad Aristóteles quien recomendaba que las ciudades no debieran sobrepasar los cien mil habitantes, con el fin de no tener ciudadanos del todo infelices.

En la película ‘Taxi Driver’ así se describe a Nueva York: “En cada esquina hay un individuo que sueña con ser alguien. Un hombre solo, abandonado por todos, que trata desesperadamente de demostrar que existe”. Esto aplica a todas las ciudades, a mucha de nuestra gente que es víctima de un modelo de vida de una ciudad donde cada quien aplica su ley, donde la autoridad cada día pierde gobernabilidad.

Es una invitación a todos los citadinos que aún creen que en un cambio posible, nace en nosotros mismos.