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| Nov 1, 2013 | Columnistas

La promoción 1973

GENTE DE CABECERA

GENTE DE CABECERA

Gilberto Camargo Amorocho

El Instituto Caldas fue el gran ente que nos unió y marcó la fraternidad eterna que el tiempo ha ratificado y profundizado.

La ciudad era a otro ritmo, la movilidad que vivíamos era a pie, por estos medios se desplazaba al colegio un 60% del alumnado, incluido el rector y docentes, otros usábamos bicicleta, bus o carro particular.

Jamás olvidaré la Física de Cocina, la electrónica, la huerta biológica, los ensayos en laboratorio de química, la literatura aprendida por centros literarios o la tarea de hablar en público sobre temas libres.

La garantía-ciudadano era muy alta, había pocos vehículos y el transporte masivo era eficiente en la relación destino-tiempo.

38 alumnos era el grupo, todos vivíamos en la meseta.

Durante nuestro periodo de estudio aprendimos a ver de otra forma la ciudad, su desarrollo, ser testigos y protagonistas de grandes cambios.

En esa época apareció el premio Coltejer al mejor bachiller, la primera feria de la ciencia, la creación del Centro Comercial Cabecera, la urbanización del antiguo Club Campestre, la construcción del aeropuerto Palonegro, el Hospital Ramón González Valencia y también hechos fatales como la caída del avión en el cerro de Pan de Azúcar.

Fuimos los últimos que disfrutamos las visitas a Ecopetrol-Barrancabermeja en el tren de palitos.

Recuerdo las vueltas a la loma, que eran las grandes pruebas docentes a nuestras condiciones físico-atléticas, acciones estas que nos marcarían a futuro.

A nivel nacional el colegio sobresalió, tuvo representación deportiva en selecciones Santander y Colombia en voleibol, baloncesto y atletismo, incluido los VI Juegos Panamericanos de Cali.

Por estos días, época de grados académicos nos reuniremos de nuevo los exmechudos del 73 a cultivar nostalgia y a recordar esa otra manera de enseñar, como decía Alfonso Gómez Gómez: “aprender a ser autónomos”. Gracias Instituto Caldas.