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| Feb 28, 2014 | Columnistas

… Cumplimos los diez mandamientos

Por Ángel Miguel Neira

Por Ángel Miguel Neira

Por Ángel Miguel Neira

Tengo cumplidos 81 años  y como todos quiero expresar mis sentimientos. Este impulso me nace en razón al amor que le tengo a mi adorada Colombia, a la que le debo mi felicidad y mi gratitud.

Infortunadamente hoy en nuestro país, para sacar adelante los hijos cuesta una fortuna difícil de alcanzar, por eso ya no hay familias numerosas, escasamente uno o dos hijos por hogar. Además, están ocurriendo fenómenos tan críticos como cuando termina un ciudadano sus estudios profesionales y no hay empleo.

Con mucha frecuencia estamos viendo profesionales manejando taxis, de meseros en restaurantes o en algunos otros oficios que no se relacionan con la profesión alcanzada.

Lo anterior es parte de la justificación del porcentaje de la ciudadanía colombiana que está desempleada que corresponde más o menos a $4.000.000 de ciudadanos que no tienen con qué comer, vivir en un buen hogar, vestirse y procurarse salud y estudio.

¿No será esa la razón para que ya casi no podamos salir a las calles tranquilamente, porque por robarnos un celular, un reloj, una cadena, un bolso, o en fin algo que sea atractivo, podemos hasta perder la vida?

Estas son situaciones que taladran la felicidad y tranquilidad ciudadana.

Ahora viene lo que se puede considerar lo más ruin y peligroso que está afectando a nuestra adorada patria: la corrupción.

No es muy fácil aceptar que haya habido en nuestra patria delitos relacionados con el patrimonio nacional patrocinado hasta por presidentes de la república, senadores, representantes de la Cámara y a la Asambleas, gobernadores, alcaldes o concejales… o sea por los que precisamente llevamos con nuestros votos para que haya control y protección de estos bienes… bienes que necesita el país para poder realizar obras necesarias para nuestro bienestar.

Es que ya es de conocimiento general que en todo proyecto que el Gobierno pretenda ejecutar,  indiscutiblemente el que adjudica el contrato con la firma constructora tiene que recibir grandes sumas de beneficio económico. Y el que recibe el contrato para que le quede suficiente ganancia lo elabora pero con fallas inmensamente grandes relacionadas con los materiales que utiliza, consecuencias que luego vemos con deficiencias prontas para lograr nuevos contrato para corregirlas… y se repite el circulo vicioso del CVY (Cómo voy yo).

¿Será que no hay oficinas encargadas para controlar estos contratos, o será que esas mismas oficinas incurren en delito?

Ojalá tengamos más consciencia a la hora de votar en estas elecciones y no nos quejemos más por nuestros gobernantes.