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| Oct 31, 2014 | Columnistas

Educación del docente y educabilidad

Carlos Alberto Porras Alarcón

Carlos Alberto Porras Alarcón

Por Carlos Alberto Porras Alarcón, docente universitario

Tratar acerca del tema de la educación desde la perspectiva de la modernidad y a su vez desde el tono de la postmodernidad es un reto, más cuando a dicha situación o experiencia se le adjudica el tinte de la ética, la moral, los principios y las diversas connotaciones socio-culturales.

No solamente es el maestro el que hace el ejercicio educativo en la praxis de educabilidad, también está el alumno con quien queda inmerso en una nueva propuesta de educación a nivel mundial dentro de la perspectiva histórica de lo que hasta el día de hoy se entiende por postmodernidad.

Es el momento para signar y significar al agente del acto educativo reconocido como el alumno, pero del mismo modo hay que signar el nuevo sentido lógico del maestro ante la diversidad de la cultura y a su vez ante las nuevas coyunturas de aprendizaje significativo de tal modo que el rol del maestro, su didáctica, su mayéutica, su pedagogía y su ser de conocimiento están teniendo nuevos horizontes.

No podemos alejar al acto educativo, al maestro, a las disciplinas, al alumno, a las instituciones de los grandes cambios que se han venido dando a partir del siglo XX, sobre todo en materia de seguridad internacional. Es así como los grandes intervencionismos socio-políticos están afectando el plano geográfico de una nación, los avances tecnológicos y el plano mental del maestro y del alumno en su interacción cognoscitiva.

Esto es realmente valioso porque de aquí se desprenden los nuevos interrogantes para las nuevas generaciones ¿estudiar para qué? ¿acaso en cualquier momento estalla la tercera guerra mundial y todo habrá sido en vano?

Con base en lo anterior es la pedagogía la que tiene que hacerle frente a estos nuevos interrogantes existencialistas y sobre todo estar muy atenta para que la educación no vaya a entrar en una desesperanza aprendida. El mayor reto es: generar nuevas propuestas educativas que no solamente respondan coyunturalmente al momento histórico en el cual estamos, sino que logren dimensionar una nueva lógica de comportamiento que haga viable las relaciones interpersonales, la comunicación y el entendimiento entre los seres humanos.