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| Ago 6, 2015 | Columnistas

Cantar, sentir y disernir

GENTE DE CABECERA

Paloma Bahamón.

Por Paloma Bahamón – Socióloga y docente Unab

¿Debe ser el arte un espacio para la creación de ‘cosas bonitas’ o para la expresión de inconformismos? ¿O quizás para ambas? Discusión eterna.

Lo cierto es que el disenso fortalece a la ciudadanía y cuando los artistas quieren, y sólo así, pues no es obligación, pueden contribuir muchísimo a ese disenso tan necesario.

Es el caso, entre otros, de Andrea Echeverry, quien además de música es ceramista y hasta el pasado 31 de julio expuso en el Museo de Arte Moderno su obra ‘Ruiseñora, sueño y canto’, que consiste en figuras de barro tan ornamentales como interpeladoras.

Como voz líder del grupo de rock Aterciopelados ya había denunciado a la fascista y cobarde estrategia de seguridad conocida con el eufemismo de ‘limpieza social’ en “Pilas, Pilas: gritan los ñeros, no se le haga raro que mañana no amanezca”; al desplazamiento forzoso en Siervo: “qué injusticia, mano, Siervo al fin de cuentas sin su tierra se quedó”; y a la necesidad de garantizar la oposición política en Canción Protesta: “suena otra canción protesta pero no la llames terrorista, no es que sea antipatriota pero trae otro punto de vista”. Como solista, en Ruiseñora, retrata lo nocivo que es el machismo para toda la humanidad en su canción “Florence: El hombre y la mujer, ninguno es mejor que el otro, yo doy fe. La única manera es igual a igual, es el ying y el yang”.

Como Andrea, la chilena Violeta Parra (Q.E.P.D) era música y ceramista y asumió al arte como oportunidad para la reflexión y la confrontación en temas como ‘Yo canto a la diferencia’: “Yo canto a la chillaneja, si hay que decir algo y no tomo la guitarra, por conseguir un aplauso. Yo canto a la diferencia que hay de lo cierto a lo falso, de lo contrario, no canto”.

Investigadores como Jean Racière o Néstor García Canclini han rastreado la política desde la estética y el riesgo de las sociedades sin relato.

Así las cosas, en relación con nosotros, el público, se aplica aquella frase de las parábolas de la Biblia: el que quiera oír, que oiga.