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| Jun 3, 2016 | Columnistas

Desde los bosques orientales

Gilberto Camargo, esp. en educación ambiental

Gilberto Camacho

Gilberto Camacho

Recorrer esta valiosa población natural boscosa de la ciudad es de las interactividades más agradables que puede tener un ciudadano común en su diario vivir. Es tener un microambiente donde la naturaleza se manifiesta en todos sus reinos y es una cátedra gratis que recibimos, solo con base en la contemplación y el avistamiento. Por eso su conservación es una obligación y debe estar incluido en el Plan de Desarrollo de la ciudad a un futuro largo.

Andar por medio de ese vasto conglomerado es conocer un poco la historia de la Botánica ancestral que nos rodea, donde las especies nativas y foráneas aún conviven: Caracolíes, Gallineros, Mangos, Cauchos, Ceibas, Guayacanes de todos los colores, Árbol del Pan, Cacao, Guaduas o Bambú, Palmas Reales, Helechos Jurásicos, Ficus, algunos Búcaros, Acacias y hasta el famoso y medicinal Matarratón (Gliricidia sepium).

Muchas de estas especies son nativas a diferencia de la mayoría de las introducidas, tienen un gran papel en la ecoarmonía y ecoternura, pues producen por lo general alimento para la fauna nativa, especialmente para la avifauna y una amplia variedad de insectos. Por tanto, son las especies nativas arbóreas las que pueden fortalecer la Estructura Ecológica Principal de la ciudad, especialmente en su componente fauna; al tiempo que prestan servicios ambientales esenciales como son la producción de sombra y la descontaminación del aire.

Los senderos durante el día nos llevan al lago encantado, son caminos copados de hojarascas que generan una acústica que nos pone en el ejercicio de adivinar cuánta fauna nos observa, en especial cuando nos detenemos y el silencio pulula.

A escasos metros notamos la curiosidad que nos produce la salamanqueja o lagartija; en lo alto la araña que prepara su planeación estratégica e infraestructura para alguna víctima que pueda caer en su red; la ardilla nos persigue por los tallos de inmensos árboles o la mariposa de colores profundos parece convertiste en un segundo guía; las hormigas culonas parecen sentir que la sombra es derrotada y sus baños de sol son un destino para darse rayos ultravioletas y qué decir de la ternura que irradia la iguana cuando se nos acerca, al reconocernos que somos gente buena.

También es un espectáculo dejarse llevar del nado de un Pato Careto, uno de los más cotizados entre las aves migratorias, que anualmente al menos una vez nos visita. Los Halcones sobresalen con su grito o canto, encuentran en estos bosques uno de los mejores refugios para desarrollarse en familia, la paz aún reina y su vida y la de sus descendientes parece estar garantizada por muchos años.

Y qué decir cuando este recorrido lo hacemos de noche, cuando aún la luciérnaga reemplaza la linterna, las ranas arman su coro, los murciélagos y el radar que produce su sonido nos regala por instantes un espectáculo de lo efectivos y audaces que son cuando de cazar insectos se trata, el cantar de los grillos, los fondos musicales que produce el viento y la percusión de sus hojas, aunando al ulula del Búho, es vivir de manera gratis un concierto donde la vida es el gran protagonista.