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| Ago 24, 2018 | En estas calles, Histórico, Portada

La historia detrás de “La cuadra de la Frescura”

Así se veía ese sector de Cabecera a principio de los años 60s, antes de la construcción del Centro Comercial Cabecera. - Carlos A. Eslava/GENTE DE CABECERA

Así se veía ese sector de Cabecera a principio de los años 60s, antes de la construcción del Centro Comercial Cabecera. – Carlos A. Eslava/GENTE DE CABECERA

Redacción

La Cuadra de la Frescura es un símbolo del barrio Cabecera del Llano de Bucaramanga. Conformada por casas grandes, amplias y profundas, con amplias zonas verdes, de esas en las que se puede sembrar hasta una ceiba y queda espacio para poner sillas y mirar el atardecer y con garajes que pueden albergar varios carros.

Así la describen algunos de los habitantes que aún conservan en su memoria detalles y anécdotas de su infancia, adolescencia y juventud en las calles de esta manzana ubicada entre las carreras 34 y 35 con calles 54 y 56.

Archivo/GENTE DE CABECERA

Con 115 metros de largo por 52 de ancho, esta zona rompió la cuadrícula tradicional de las manzanas en la ciudad, para hacer rectángulos. Archivo/GENTE DE CABECERA

El predio que colindaba con una polvorienta avenida de Las Américas (carrera 33), los campos de golf del Club Campestre (hoy club Unión), el cerro de Pan de Azúcar y los predios de lo que después sería el Centro Comercial Cabecera, sería, en los años 70, el lugar que le daría origen a su particular nombre: ‘La cuadra de la frescura’.

“Recuerdo que había como 20 casas pero no más de 6 carros, entonces nosotros nos acostábamos en la mitad de la calle”. Carlos Patiño.

Y es que a pesar de que se trataba de un lugar adornado por pinos, oitíes, guayacanes, araucarias, un mini campo de golf, jardines, antejardines, no era precisamente la frescura de estas plantas lo que le otorgaban su nombre.

“Eran los años 70 cuando el mundo vivía una revolución: la de los hippies, caracterizados por el inconformismo juvenil. Ese entorno fue determinante en el barrio. Se escuchaba a los Beatles, se pintaban signos de paz y amor y había marihuana”, explica Gilberto Amorocho, un vecino del sector que recuerda la particular historia de esta zona de Cabecera.

Esa época de rebeldía estuvo marcada por aquella planta verde que producía efectos “de otra dimensión”, convirtiéndose en insignia de la juventud que para esa época habitaba este famoso lugar de Bucaramanga.

¿Sabía qué

En 1959 el Banco Central Hipotecario a través del Instituto de Crédito Territorial se encargó de construir las dos manzanas que conforman el sector y que se conocieron en su momento como las casas del BCH, en un lugar donde solo se distinguía el colegio de la Presentación, de lashermanas Dominicas?

“Todos empezamos a crecer y así como hubo una época del whisky, hubo la de la marihuana y mucha gente empezó a fumar”, recuerda Carlos Patiño, quien creció en la Cuadra de la Frescura.

“Muchos de los muchachos de acá se fueron a estudiar a Bogotá y allá se les prendió la onda hippie, y venían y se formaba un combo como de 30 o 40 personas que andaban en la misma onda con guitarras, música, tocadiscos”, añadió Alfredo Gómez Rueda, quien vivió desde niño en el sector.

El consumo se fue haciendo casi ‘normal’ en el barrio y con él las anécdotas.

“El barrio fue muy unido siempre, y aunque esto sucedía, no era sinónimo de malos hábitos pues no eran todos los que fumaban. De hecho ese nombre se lo pusieron vecinos de otros barrios a esta cuadra”, señaló Gómez Rueda.

La marihuana fue parte de una etapa de la vida de un grupo de jóvenes a los que muchos consideraban irreverentes, librepensadores, intelectuales, y entre los cuales hubo varios premios Coltejer al mejor bachiller de Colombia y ganadores de premios nacionales a la ciencia.

Hoy, esa generación está interpretada en grandes profesionales de las diferentes ramas del saber que recuerdan su Cuadra de la Frescura como ese bello lugar que los vio crecer y que conserva parte de su arquitectura, pero sobre todo, recuerdos inolvidables.