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| Mar 29, 2019 | En estas calles, Histórico, Portada

Cinema Riviera: Recuerdos de la sala de cine que duró 35 años

Durante 35 años el Cine Riviera ofreció a Bucaramanga entretenimiento con los últimos estrenos de la pantalla gigante. Hace varios años se despidió de la ciudad y ahora le da paso a una sede hospitalaria. – Suministrada / GENTE DE CABECERA

Por: Edward Grimaldos Gómez

Durante 35 años el Cinema Riviera fue ícono de la cultura bumanguesa. En este tradicional lugar fue testigo de los primeros besos, de conquistas amorosas y hasta del crecimiento de los hijos de aquellas parejas que allí se vieron su primera película.

Un teatro que permanece en la memoria de los bumangueses que disfrutaron allí de sus primeras películas de cine y que hoy en medio de la nostalgia evocan sus mejores recuerdos.

Abrió sus puertas en 1973, un 23 de marzo, y desde ese entonces empezó a escribirse la historia de un lugar por el que pasaron cientos de personas entre espectadores y empleados.

Inició con una sala de proyección con capacidad para albergar 660 personas. Así lo recuerda Esperanza Sandoval, quien fue su administradora y Jorge Rangel, el personaje que estaba detrás del proyector.

Para estas dos personas, el cinema fue más que su lugar de trabajo y por eso recuerdan con mucha alegría cada uno de los momentos que vivieron allí desde que formaron parte del equipo de trabajo de aquel “mágico lugar”.

Así se veía la publicidad del Cine Riviera en las páginas de Vangiardia Liberal, en la década de 1960. . Suministrada / GENTE DE CABECERA

“Yo llegué a trabajar al Cinema en 1976 por un aviso que salió en la Vanguardia. Me presenté y me contrataron como secretaria. Tiempo después fui ascendiendo y me convertí en la administradora, pues yo estudiaba contabilidad en el Sena”, recuerda la señora Esperanza.

Por su parte, Jorge Rangel recuerda que cada uno de sus pasos por el Riviera fue lento pero seguro. Inició como vigilante en el parqueadero, pasó a ser portero, taquillero y mensajero, hasta que un día la curiosidad lo llevó a aprender cómo proyectar las cintas, en donde se desempeñó durante los últimos años del cine.

“Yo llegué de Rionegro a Bucaramanga a la edad de 20 años, como en 1982, buscando mejores oportunidades. Un día me presenté, me contrataron y de ahí fui escalando hasta volverme operador.

“Siempre me daba curiosidad ver cómo esas cintas le daban vida a las imágenes, por eso le pedí al operador que había que me enseñara y aprendí, y desde finales de los 80 me dediqué a eso”, comenta.

Como ellos muchas más personas pasaron por el negocio de la familia Torres Peralta, lugar del que resaltan la gran fraternidad y unión que existió entre cada compañero de trabajo.

“Acá siempre nos reuníamos para celebrar las fechas importantes, cumpleaños, novenas de aguinaldos, cualquier cosa. Hacíamos un compartir y la pasábamos muy bien… eso era muy bonito”, agrega Esperanza con voz entrecortada.

Dicen haber vivido las mejores épocas del cinema, en las que la gente hacía largas filas que incluso rodeaban la cuadra para entrar a mirar estrenos como “Superman”, “El Rey León”, entre otras.

“Yo me acuerdo que la sala se llenaba en su máxima capacidad. La gente se quedaba esperando porque no habían boletas para todos. También nos tocó lidiar con los revendedores, quienes generaban desorden y por eso tocaba llamar a la policía”, señalan los exempleados del cinema.

Esperanza recuerda además, la confianza que tenían las familias en el cinema, pues dice que sabían que podían confiar sus hijos a cada uno de los miembros de este tradicional lugar.

“La gente ya nos conocía y venían y nos dejaban los niños viendo una película, se iban a hacer sus diligencias y al rato volvían por ellos, porque sabían que acá quedaban en buenas manos”

660

sillas tenía la primera sala del Cine Riviera, que en sus mejores épocas se ocupaban por completo.

Se apagó el proyector

En diciembre de 2015, Cine Riviera reabrió sus puertas para poner en venta elementos propios de su funcionamiento como afiches, rollos de cinta y demás. – Suministrada / GENTE DE CABECERA

Poco antes de la década de los 90, con la aparición de las cadenas de cine en los centros comerciales, la afluencia de personas empezó a disminuir en el Riviera.

Sin embargo, las ganas de seguir adelante estuvieron firmes por cerca de 10 años más, hasta que sus dueños decidieron dar un paso al costado y pasar a la historia como uno de los mejores cines independientes de la ciudad.

“Hubo muchas cosas que influyeron como los demás cines que surgieron, las empresas distribuidoras ya se demoraban más en darnos las películas, también surgió mucho la piratería y la transformación del sector, que empezó a dejar de ser un sitio familiar y más de vida nocturna”, afirma Esperanza.

Por eso, el 24 de marzo de 2008, tras dar varias batallas contra esos obstáculos, la familia dueña decidió que era hora de retirarse, eso si, sin antes agradecer por todo lo que ese maravilloso lugar les ofreció por 35 años.

Este teatro se despidió con la proyección de la película ‘El rastro’ y el documental ‘Pablo Escobar, ángel o demonio’.

Años después sería vendido a una clínica de la ciudad, la cual en la actualidad adelanta la instalación de una sede para brindar servicios ortopédicos.

Dato

En 1998 los propietarios del Cinema decidieron dividir la única sala en dos para poder ofrecer más variedad en la programación.

Un documental para la historia

Rodaje del documental “La magia terminó”. – Archivo / GENTE DE CABECERA

Con el ánimo de aportar a la reconstrucción de la memoria de la ciudad, el comunicador social Luis José Galvis condensó en un documental el legado que este lugar dejó en los bumangueses.

Por eso, desde su cierre empezó a tocar diferentes puertas con el ánimo de llevar a cabo este proyecto que finalmente en 2018 se hizo realidad bajo el nombre de “La Magia Terminó”. “Para mi ese lugar me traía a la memoria el amor que le tomé al cine cuando desde niño veía las películas allá. Así qué, luego de regresar de Estados Unidos, en donde estudié cine, me enteré que finalmente habían vendido el predio donde estaba el Riviera y que probablemente lo demolerían, así que sabía que era la última oportunidad de hacer el documental”, comentó Luis José.

Durante su rodaje retrató la que fue la última proyección de la Riviera, que se realizó el 15 de noviembre de 2015, 7 años después de su cierre, y a la que acudieron los empleados e invitados muy cercanos a la familia Torres Peralta, quienes profesan el amor por sus jefes y trabajo, como si el tiempo jamás hubiera pasado.

Ese día ‘Gorilla’ y ‘Terremoto’ se reflejaron sobre la gran sábana blanca que por años estuvo oscura. Esta era una despedida definitiva.

Además, de la gran venta de garaje a la que cientos de bumangueses acudieron en busca de un afiche original del estreno de su película favorita, así como otras curiosidades un mes después.

Esta producción se consolidó como ganadora de varios reconocimientos locales y nacionales, es el más grande recuerdo material que cada una de las personas que pasó por aquellas salas de cine tendrá para evocar las experiencias que allí vivió junto a su novia, hijos, padres y amigos.

“Es un documental que ha llegado a muchas partes y que siempre remueve en quien lo ve esos recuerdos de sus primeras veces en cine, sin importar si es o no de Bucaramanga, porque evoca aquella época tan maravillosa de las salas de cine independientes”,concluyó el realizador.

Tráiler de «La Magia Terminó