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| Mar 8, 2019 | Nuestra Gente, Portada

Victoria Torregosa: Más de cien años de entrega a su familia

En su mano Victoria sostiene una de las fotos que su hijas conservan de su juventud.- César Flórez / GENTE DE CABECERA

Por: Edward Grimaldos Gómez

En medio de la inocencia propia de su edad y con la alegría y cierto grado de picardía heredada de sus raíces costeñas, Victoria Torregosa de Peña le abrió las puertas de su casa y también de su intimidad a la revista Gente de Cabecera para compartir detalles de los que han sido sus 104 años de edad. Acontecimiento que celebró junto a su numerosa familia y en medio de múltiples agasajos.

Parecería mentira, pero esta mujer de tez morena y acento costeño, tras vivir y “gozar” más de un siglo, aún conserva la vitalidad que personas 40 años menores a ella desearían tener.

En un inicio se mostró tímida y un poco sorprendida con el hecho de saber que saldría en una revista, pero poco después, en medio de la sesión fotográfica y de la entrevista, fue revelando el buen sentido del humor que como buena hija del municipio de Piojó, Atlántico, lleva por dentro.

Victoria dice odiar el hecho de no hacer nada, por eso dentro de sus pasatiempos favoritos está tejer.- César Flórez / GENTE DE CABECERA

Nació el 6 de marzo de 1915, fecha que no se le dificulta recordar. Sabe muy bien de dónde es, los nombres y orden de nacimiento de sus otros siete hermanos, de los cuales fue la mayor, su número de cédula y muchos otros detalles que a pesar de los años siguen rondando su memoria.

Pero aún así no deja de sorprenderse cuando escucha la cifra de 104 años de la boca de sus hijas.

“Todo eso he vivido… ¡Uy no puede ser!”, exclama y se echa a reír.

Dice haber disfrutado al máximo de su juventud. Salía de fiesta con sus amigas, pues le gustaba mucho bailar. Sin embargo, insiste que nunca le gustó el trago u otros vicios.

Se acuerda con mucha gracia del momento en el que su esposo, José Luis Peña, intentaba conquistarla, para ese entonces en la década de los años 30 y en la ciudad de Barranquilla, a donde se mudó a trabajar en una fábrica de hilos.

“Él me visitaba como una amiga y después él me echó el cuento, pero yo me hacía la ‘bobita’ hasta que le copié el cuento… y luego nos casamos. La gente decía que me había casado con el Conde Montecristo, por su parecido con el protagonista de una caricatura”, recuerda entre risas.

Tuvo sus seis hijos en Barranquilla, cinco mujeres y tan solo un hombre -por variar- dice.

Tiempo después, para la década de los años 70, tuvo que mudarse a Bucaramanga porque a su esposo lo trasladarían de su trabajo en una petrolera.

Durante los últimos 40 años ha vivido en La Victoria, La Aurora, Cañaveral y ahora en Sotomayor, barrios donde ha dejado muchos amigos y razón por la que se considera una bumanguesa de corazón.

“En esta tierra he visto crecer mis 15 nietos, 20 bisnietos y hasta el nacimiento de mi primer tataranieto” agregó.

“La disciplina que uno aprende de sus padres es el mejor secreto para que nuestros hijos se conviertan en grandes personas. Por eso siempre les inculqué a ellos lo que yo aprendí de los míos y ellos hicieron lo mismo”.

En la fotografía se puede ver a Victoria junto a sus seis hijos: Betty, Rossy, Leonor, José Luis, Neyda y Yaneth

 

 

 

Su faceta de madre

 

Durante la entrevista a Victoria la acompañaban Rossy y Neyda, dos de sus hijas, quienes aseguran hallar en su mamá una mujer que les inculcó mucha disciplina, respeto y sobre todo amor como insumo principal para criar a sus descendientes.

Pero dentro de su sentimiento de admiración también sacan tiempo para recordar entre risa y pena los momentos en los que su mamá empezaba a cerrar las ventanas de su casa para “correr” a los novios que durante su juventud iban a visitarlas.

“Como éramos cinco hijas nuestros novios iban a visitarnos a veces al mismo tiempo, nos sentábamos todas en la sala y si ya era tarde mi mamá empezaba a cerrar las ventanas y correr las cortinas en señal de que era hora de irse. Eso lo hacía todo el tiempo”, dicen mientras se ríen a carcajadas Rossy y Neyda. Victoria se sonroja.

A pesar de todo, recuerdan el deseo que tuvo Victoria por que se formaran como profesionales y personas de bien y útiles en la sociedad.

¿Y el secreto de su vitalidad?

Su familia dice sentirsen bendecidos al tener a su mamá y abuela con la vitalidad y energía que Victoria aún conserva. – César Flórez / GENTE DE CABECERA

El caso de Victoria es de exaltar, pues pareciera que la palabra vejez no hiciera parte de ella.

Es capaz de valerse por sí misma, le encanta tejer y hasta colorear mandalas sin salirse del borde. Además sale a caminar y de vez en cuando se ocupa de las plantas que su hija Neyda tiene en su hogar.

Por eso, a la tradicional pregunta que le hacen, sobre cuál es el secreto para conservar una buena salud y vitalidad, evoca el ejercicio que ha realizado a lo largo de su vida, la buena alimentación, de donde excluyó las carnes rojas, y la tranquilidad.

Pocas cosas pueden impresionarla, pues asegura haber vivido los suficiente para conocer un poco de todo. Sin embargo, el poder vivir la unidad de su familia cuando se reunen junto a ella, es algo que la hace disfrutar con plenitud.

Por eso espera poder seguir celebrando junto a sus seres queridos “todos los años que Dios le regale”, puntualizó.