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Punto de Vista

Tolerancia en propiedad horizontal

Paola Bernal

Paola Bernal León / Editora Gente de Cabecera

 

Convivir en una edificación o conjunto cerrado pone a prueba el grado de tolerancia de los residentes. El respeto por el otro siempre será clave.

Sin embargo, son muchos los propietarios que se sienten dueños y señores del conjunto residencial, y les cuesta ajustarse a la reglamentación que salvaguarda la sana convivencia y la protección de sus habitantes. Les cuesta hacer cumplir las reglas en las zonas húmedas, educar a sus hijos en los buenos modales o seguir indicaciones de cuidado de áreas comunes.

Reglas tan básicas como saludar al vigilante, manejar en un parqueadero cubierto a 10 kilómetros de velocidad, o limpiar las máquinas del gimnasio después de ser usadas resulta complejo para algunos. Está también el que se siente impedido a subirse en un ascensor cuando va un residente con mascota, y obliga de forma despectiva a que el propietario del can espere el siguiente ascensor. Actitudes egoístas también pueden presentarse, como pensar en sí mismo y dejar el carrito de compras en su apartamento, sin creer que alguien más pueda solicitarlo, o aportarle al desaseo del conjunto porque considera que para eso hay personal encargado de la limpieza.

La propiedad horizontal puede asemejarse a una pequeña ciudad, con reglas a seguir y actos que comprometen nuestro esfuerzo para que todo funcione. Quizá la forma como usted se comporte en su edificio sea un pequeño reflejo de la forma como usted asume su hogar, su ciudad y su país. Pregúntese si usted es de los que aporta o de los que genera obstáculos en el desarrollo de sus entornos. ¿Sabe seguir reglas y propender por el bien común?