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La vida que Teresita logró tejer en Bucaramanga

Sin dudarlo, sin pensarlo dos veces, Teresa Flórez de Cáceres agradece primeramente a Dios por todo lo que tiene y a la relación son su esposo que ya llega a los 52 años. Ser reconocida por un sinnúmero de niños, jóvenes y adultos que alguna vez acompañaron a su abuela a comprar materiales en Lanas Teresita, no tiene precio. “Llego a un banco, a un consultorio y de una la gente me llama por el nombre, les pregunto si me conocen y me dicen:¡Claro, si mi mamá o mi abuela me llevaban a su almacén a comprar hilos y lanas!… esa es una satisfacción muy grande”.Y es eso, solo una de las muchas satisfacciones que tiene ahora, cuando cumple 38 años de estar al frente de uno de los negocios más tradicionales de la ciudad en la venta y asesoría de bordados, lanas y tejidos. Admite que no es experta bordando, pero sabe que gracias a ella muchas generaciones han podido tomar una aguja, un tambor y un retazo de tela para hacer bordados en los talleres que llevan igualmente 38 años funcionando. “No puedo estar pendiente de todo, por eso siempre he tenido profesoras que saben y me ayudan a enseñarle a otras personas”, explicó esta mujer nacida en San Andrés, Santander, hace 79 años.

Su labor inició el 12 de marzo de 1972, cuando Dios la iluminó para poner un negocio en la calle 35A con 54, un sitio que ella reconoce que para la época no era muy comercial. “Estaba de moda el anudado en tapete y no había sino un almacén acá, que quedaba en la carrera 36, a media cuadra de mi casa y tenía mucha venta. Después llegó Magali Rueda y enseñó en mi casa a unas 8 ó 10 señoras, ahí fue creciendo y a los 20 años me trasladé para Cabecera”, añadió.

Sobre los cambios que han tenido los estilos de bordado, Teresita dijo que son notables, pues antes la moda era el tapete y la carpeta tejida, ahora se bajan muchos modelos por Internet y se aprenden nuevas puntadas y formas de combinar colores.

¿Terminará la tradición?

En cuanto al almacén, Teresita espera que sus hijos lo mantengan con vida por mucho tiempo. “Les digo a mis hijos siembre que llevo casi 40 años con Lanas Teresita, que me conocen mucho en todas partes y que no dejen morir el nombre. Sé que mi hija vive en Bogotá y es complicado para ella estar al frente de esto, pero mi nuera que me colabora mucho será quizá quien se encargue”. Y sobre el arte de tejer, Teresita está segura que nunca va a acabar y que se seguirá transmitiendo de generación en generación.

“Además es una manera de escapar de los problemas diarios, o si no que lo digan las mujeres que vienen todas las tardes a los talleres, que se olvidan de todo lo malo, estrechan lazos de amistad y forman así lo que llamamos ‘costureros’, esto es como una terapia”, ratificó la mujer de sonrisa constante. Serán ese optimismo, seguridad y amabilidad los que por épocas permitan que Bucaramanga recuerde a una mujer trabajadora y amiga, preocupada por embellecer el hogar a punta de hilos y colores.

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