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| Sep 18, 2015 | Periodista del Barrio

Al borde de la locura

Algunos vecinos de la concha acústica piden moderar el volumen de los parlantes en las actividades que se realizan en el sitio. - Tomada de Internet / GENTE DE CABECERA

Algunos vecinos de la concha acústica piden moderar el volumen de los parlantes en las actividades que se realizan en el sitio. – Tomada de Internet / GENTE DE CABECERA

Esperanza S.S. / Periodista del Barrio

Quiero manifestar mi inconformidad y de hecho la de todos los residentes aledaños a la concha acústica, sitio destinado para actividades de tipo cultural.

Pareciera que a las personas encargadas de su ‘préstamo’ se les olvidó que la concha acústica está situada en una zona altamente residencial, y adicionalmente se les olvidó realizar el control del uso de la misma, pues en ella se celebran actos culturales, reuniones políticas y también es usada para reuniones cristianas y de otros grupos religiosos.

Lo peor de todo es que no se manejan los decibeles permitidos, se usa un altísimo volumen y para el colmo de males inician las pruebas desde las 9 de la mañana.

Los fines de semana, hablamos de sábados, domingos y festivos, son días de descanso, pero tal parece que para esta zona se nos volvió una tortura.

Por obligación debemos salir de nuestras casas o apartamentos, pues es tanto el ruido que no permite que podamos ver televisión, dialogar, o escuchar música en nuestros sitios de vivienda.

El fin de semana 29 y 30 de agosto estuvimos al borde de la locura.

Para el sábado y el domingo se inventaron una actividad extremadamente ruidosa y que iniciaba desde las 9:00 de la mañana probando equipos, baterías, platillos, y se extendió hasta las 11:00 de la noche del sábado con demasiado volumen, gritos, bulla.

No sabíamos qué hacer. El altísimo ruido genera dolor de cabeza, insomnio, mal humor, estrés, inconformidad, y la necesidad de reclamar nuestros derechos, pues no se puede tener tranquilidad en el desarrollo de las actividades familiares.

Se comienza una semana con cansancio físico y mental que no permite que la vida laboral y familiar transcurra normalmente.

¿No tenemos derecho a estar tranquilos en nuestras casas y apartamentos?