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Editoriales, Punto de Vista

Solidaridad

Nancy Rodríguez Guevara

Nancy Rodríguez Guevara

Editora Gente de Cabecera 

Solidaridad, eso es lo que claman a gritos los habitantes de las zonas veredales de Piedecuesta, quienes en la madrugada del miércoles pasado se vieron sorprendidos por el desbordamiento del río Manco y la quebrada La Grande.

Tras varias horas de lluvia, se produjo una avalancha que arrasó con viviendas que tenían a sus habitantes dentro, vías, sembradíos, mascotas, animales de campo y muchas cosas más que aún no se han contabilizado.

Solidaridad para buscar a sus seres queridos, que dos días después no aparecen. Solidaridad para tratar de recuperar las pocas pertenencias que la furia del fuerte aguacero mezclado con piedras y lodazales, les arrebató.

Ellos se niegan a abandonar su terruño sin tener la certeza de que podrán volver. Y en esa espera están aguantando frío y hambre. La soledad, el miedo y la tristeza son sus compañeros por el momento.

Está el caso de la señora María Eugenia Celis, la abuela del pequeño Dilan de 8 meses, sobreviviente de la tragedia. Ella se niega a abandonar el pedazo de tierra donde quedaba la vivienda que habitaba su hija Ingrid y sus dos nietos, aún desaparecidos los tres.

Los habitantes de las veredas de Piedecuesta afectados por esta tragedia, esperan que las autoridades no los abandonen. Confían en que continúen con la búsqueda de sus seres queridos hasta encontrar a cada uno de ellos. Esperan que restablezcan sus vías, organicen sus hogares y procuren devolverles la tranquilidad que tenían antes de ser destrozados y desplazados por esta situación.

Ellos no piden más que solidaridad ante el dolor inmenso que tuvieron que enfrentar por el embate de la naturaleza.