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| Feb 1, 2013 | Punto de Vista

Los brownie de marihuana

Fabio Peña

Fabio Peña

La captura esta semana de una mujer en Cabecera, conocida como María Juana Laverde, quien junto a su pareja sentimental fabricada y distribuía ponqués con marihuana (según dijo la Policía) es apenas la punta del iceberg de un problema social grande.

La captura se dio tras varios meses de seguimiento y no fue necesario investigar demasiado; simplemente había que ir al Facebook para enterarse de cómo funcionaba el negocio que prende las alarmas en torno a lo que está sucediendo con la distribución de drogas en la ciudad y la manera abierta y descarada como se están utilizando las redes sociales para conseguir clientes.

El caso en mención permitió descubrir que la distribución se hacía en negocios legalmente establecidos en el exclusivo sector de Bucaramanga y a través de fiestas organizadas en las redes sociales, donde incluso colgaban fotos de los consumidores.

Pero no se trata solo de este tipo de situaciones, también es común encontrar en la red concursos aquí en el área metropolitana como el porro más creativo (con fotos incluidas) o invitaciones al paseo canábico o a la fuma-caminata, que dejan ver que el microtráfico y el consumo de alucinógenos también entró en la era de la tecnología moderna.

Hace treinta años los ‘burros’ de la ciudad se llamaban al teléfono fijo y se ponían cita para ‘volar’ en busca de hongos a la mesa; ahora no, ahora casi que les sale el cacho de marihuana por la pantalla del computador, tablet o Ipad.

Sin embargo, en este país de ambigüedades, mientras se captura y se sanciona a esta mujer por vender ponqués con marihuana, se estudia la despenalización del porte y consumo de drogas sintéticas.