Menú de categorías

| Feb 20, 2015 | Nuestra Gente

La obra que perpetua el nombre de Rubén Darío

Rubén Darío Bueno, residente de El Prado, contó con la ayuda de su sobrino en la restauración de la fachada de la parroquia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro - Javier Gutiérrez / GENTE DE CABECERA

Rubén Darío Bueno, residente de El Prado, contó con la ayuda de su sobrino en la restauración de la fachada de la parroquia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro – Javier Gutiérrez / GENTE DE CABECERA

Pasar por el frente de la parroquia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro y ver cómo un par de hombres encaramados en un andamio tratan de unir cientos de piezas para darle vida al rostro de una Virgen, llama la atención de cualquiera.

Ellos son Rubén Darío Bueno y su sobrino Fabián Quintero. Ambos han hecho con sus manos, desde el 9 de diciembre, que la fachada de esta parroquia ubicada en la diagonal 15, tenga hoy otra cara.

La idea surgió luego de una visita que el artista Rubén Darío hizo a la parroquia, para entregar unas prendas de vestir en calidad de donación para las comunidades necesitadas. Allí se encontró con el sacerdote Iván Mayorga, amigo de la familia, con quien entabló una conversación.

Así fue avanzando el proceso de pegado de piezas y retoque final.

Así fue avanzando el proceso de pegado de piezas y retoque final.

“Me dijo que quería restaurar la imagen de la Virgen. Charlamos y al recordarle que yo soy artista me dio la oportunidad de hacerlo”, dijo Rubén, quien tiene 37 años.

Aunque su nombre no es muy conocido en la lista de artistas tradicionales de la ciudad, sus manos han hecho obras que hoy reposan en las casas de ilustres médicos de la ciudad.

“Fui alumno de Iván Javier Rodríguez, en 1998, cuando ya le había cogido amor al papel y al lápiz mediante el dibujo. Él y los libros, que han sido mis amigos de toda la vida, me han permitido entrar al mundo del arte, conocerlo y ponerlo en práctica”, mencionó este rionegrano radicado en Bucaramanga desde los 4 años de edad.

Así lo logró

“Es un proceso complejo porque es pensar con cerámica. La base es el dibujo, pero montarlo en el muro con materiales especiales es otro cuento. Armar el mosaico tal como lo había dibujado era el trabajo más arduo”, dijo sobre la obra de gran formato, similar por su técnica mosaico a la que hizo el maestro Jorge Iván Arango, en Cañaveral, y al muro ubicado sobre la diagonal 15, frente al Éxito La Rosita.

La diferencia entre estas y la obra de Rubén es que las primeras son abstractas y la del santandereano es un ícono figurativo religioso, un retrato.

Imagen detallada del rostro de la Virgen, en el proceso de restauración.

Imagen detallada del rostro de la Virgen, en el proceso de restauración.

Más de una semana trabajó en el boceto que luego fue aprobado por la parroquia. Para el 9 de diciembre ya empezaba su labor tangible.

Mientras avanzaba trabajaba en la búsqueda de la cerámica.

“Las piezas sí se consiguen, pero con mucha paciencia, buscando en donde las venden, en distribuidoras, detallando colores, texturas y la calidad. Es un trabajo dispendioso. El color azul del manto de la Virgen fue el más complicado de conseguir, no se logró aquí sino por fuera de la ciudad. Fue el color más difícil porque estaba descontinuado.

Después viene la partida de la cerámica y acomodarlas. Aquí también se requiere de serenidad porque unas son grandes pero otras muy pequeñas que son las que finalmente logran los detalles”.

Además de la cerámica, Rubén usó láminas de bronce, adquiridas en Bogotá, para una parte del manto de la Virgen.

La obra fue hecha en un espacio de aproximadamente 20 metros cuadrados, sin embargo el artista asegura que no es fácil precisar la cifra de piezas usadas, pues es una tarea “supremamente difícil.”

La imagen de la Virgen del Perpetuo Socorro fue entregada al párroco actual el martes 10 de febrero.

Esta imagen estaba programada para terminarla en 30 días, pero finalmente fueron 60 días, pues influyeron factores como la temporada de fin de año (fiestas) y el hallazgo de algunas piezas y materiales.

“Como artista siempre he sido exigente y siempre he querido más, un poco más y esto lo tuve siempre en cuenta mientras avanzaba con la obra. La experiencia ha sido gratificante porque es una parroquia grande, importante para la ciudad, con afluencia de público grande y ubicada en un sitio estratégico de Bucaramanga. Me hubiese gustado tener algunos recursos de más para perfeccionarla mucho más, darle uniformidad a algunos detalles, pero creo que fue un muy buen resultado. También es importante resaltar la oportunidad que la iglesia me dio de poner mi granito de arena desde el punto de vista artístico. Junto al Cerro del Santísimo, que es una obra de arte nueva para el área metropolitana de Bucaramanga y hecha por un gran maestro como lo es Juan José Cobos, esta del Perpetuo Socorro se une a este tipo de imágenes religiosas, eso sí guardando las proporciones y diferencias como tamaños y costos, pero las dos le aportan a la región desde la parte artística”, recalcó el artista.