Menú de categorías

| Oct 12, 2018 | En estas calles, Histórico, Portada

Más de 50 años al servicio de los profesionales bumangueses

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Por: Edward Grimaldos Gómez

Los antecedentes del Club de Profesionales se remontan a finales de la década de los años 50. Según algunos de los que fueron socios o estuvieron directamente vinculados con aquel espacio de esparcimiento, su nacimiento se dio por la necesidad que los nuevos profesionales de Bucaramanga sentían de tener un lugar para compartir con amigos y familiares, de una manera mucho más fácil.

“En la ciudad había muchos profesionales jóvenes y exitosos que no podían ingresar al Club del Comercio o al Club Campestre, por los altos costos y por lo difícil que era acceder a ellos. Así que un grupo de cerca de 50 profesionales jóvenes y no tanto, se reunieron para fundar este club”, explica Antonio Díaz Ardila, quien recuerda la historia por los relatos que le contó su padre, el señor Luis Aurelio Díaz Orejarena, uno de los fundadores de ese lugar.

Aunque las generaciones más jóvenes reconocen al Club de Profesionales como un elemento insignia del barrio Cabecera del Llano, fue realmente en la carrera 27 entre calles 34 y 35 en donde empezaría a funcionar este emblemático recinto de la ciudad.

Sería para el año de 1966 cuando el club se trasladaría a la calle 44 entre carreras 34 y 35, lugar que abrió sus puertas a los profesionales de Bucaramanga por más de 50 años. Una asociación en la que el único requisito para pertenecer a ella era ser profesional.

“Hacia 1996 o 97 compraron las primeras casas de la sede de la calle 44, le hicieron una piscina que era para los hijos de los socios, pero como la mayoría éramos solteros no teníamos a quien llevar, ya fue después que nos casamos y llevamos a nuestras familias”, narró el abogado Iván Ortega Motta, uno de los socios desde el inicio del Club.

El lugar fue creciendo y sus instalaciones se fueron dotando de mejores atractivos para los cerca de 700 socios, que en su mejor época llegó a tener este club.

“Recuerdo que al principio era una sola la esquina y tenía la sede que era un gran salón en “L” alrededor de la piscina y el jardín en la esquina donde hoy es el acceso a los parqueaderos.

“Posteriormente a fines de los 70 y principios de los 80 compraron otras casas, quedando dueños casi de la manzana completa y ahí empezaron a incluir más cosas como el turco, la bolera, los demás salones entre otras cosas”, agrega Antonio Díaz.

“La unión de los profesionales”

Hernán Hernández Peñalosa fue socio del Club durante los últimos 30 años de su funcionamiento, y en la actualidad aún hace parte de la junta administrativa de la sociedad propietaria del club.

Para él los grandes alcances de ese establecimiento fueron producto de la unión de todos sus socios, que desde experiencia en diferentes áreas del conocimiento lograron sacar adelante grandes aportes para el beneficio común.

“El Club se fue adaptando a las necesidades del tiempo, por eso cada vez que se necesitaba hacer algo era más fácil hacerlo entre todos, pues cada uno aportaba con sus conocimientos en los proyectos y entre todos se dividían los gastos económicos”, señala Hernández.

Sin embargo, la historia del Club Profesionales no siempre estuvo adornada de buenos experiencias. Varias veces ese establecimiento tuvo que afrontar crisis económicas que por poco hacen que su historia en la ciudad no fuera tan larga.

Óscar Puentes, gerente de este club a finales de los años 70, recuerda de manera especial la reforma Tributaria del Gobierno de Alfonso López Michelsen, la cual afectó notablemente el funcionamiento del club.

“Con la reforma de López Michelsen se crearon los impuestos a las ventas y los clubes fueron grabados con el 35%, eso provocó un retiro masivo de casi 300 socios. Para esa época yo asumí la gerencia y tuvimos que hacer varias estrategias para mantener el club”, expresa Puentes.

Anécdotas y recuerdos

Varias fueron las experiencias que vivieron los socios junto a sus familias, amigos y colegas en aquel Club, que por décadas recibió a centenares de personas en sus instalaciones.

Para muchos de ellos esos momentos que hacen parte de sus mejores recuerdos giran en torno a lugares característicos como la piscina o la bolera. Otros tantos recuerdan con mucha nostalgia aquellas fiestas que para muchos eran de las mejores de Bucaramanga.

“Sin duda las fiestas periódicas que se hacían eran muy buenas. Aunque no recuerdo muy bien las fechas, había una que fue muy importante en su época y era de la ‘Fiesta de Negro y Rojo’, es decir todos debían ir vestidos de esos dos colores, no se permitía diferente y se desarrolló durante muchos años”, recuerda Antonio Díaz.

De esas famosas “rumbas”, los más jóvenes de la época que aún gozaban de su soltería, recuerdan que era el mejor escenario para mostrar sus mejores dotes de conquista e incluso para aprender a bailar.

“Las fiestas del club eran la oportunidad de pegarse las primeras borracheras, de salir con las primeras novias, y de practicar y aprender de manera empírica a bailar”

Por su parte los más adultos refieren ese sitio como el lugar propicio para intercambiar una amena conversación con sus colegas, aprender un poquito de las otras disciplinas profesionales de los demás socios y el espacio ideal para sus reuniones de negocios.

En cifras

700

socios llegó a tener el Club Profesionales en su mejor época, de acuerdo con la información de uno de sus gerentes.

Los últimos años

Muchas son las historias que se tejen alrededor del cierre de este reconocido lugar de Cabecera que se dio hace poco más de cinco años. No obstante, el economista de profesión Hernán Hernández, asegura que el declive del club se debió a los cambios de costumbres generacionales.

“Hoy día los clubes no son lo que eran antes, es decir las personas tienen más opciones de entretenimiento incluso en sus propios conjuntos residenciales. Por eso seguir cotizando por acceder a servicios que se tienen en sus viviendas no es factible.

Además, las nuevas generaciones han dejado perder la costumbre de ir a compartir con sus amigos. Entonces sin socios no hay club”,

Por último, Hernández desmiente los rumores que se escuchan sobre lo que posiblemente se hará en ese sector.

Aunque asegura se han estudiado varias posibilidades como la de crear un centro empresarial, o un centro comercial dinámico e incluso vender la propiedad a la Universidad Industrial de Santander, UIS, para que amplíe su centro de idiomas, a la fecha no se ha tomado ninguna decisión.

“Somos varios los profesionales que aún hacemos parte de esta sociedad, por tanto basados en nuestras experiencias en el sector empresarial hemos analizado múltiples opciones antes de tomar cualquier decisión.

“Por el momento ese predio sigue siendo del Club de Profesionales, lo único que se ha hecho es arrendarle a una empresa de parqueaderos para utilizar esos espacios mientras se define la situación”, puntualizó Hernández.

“Allí hicimos muchos amigos con los que nos reuníamos en la tertulia a almorzar los domingos o a tomarnos unos traguitos. Era y es un sitio donde reinaba la amistad”, Antonio Díaz Ardila.