La 27 ya no es la misma
Muy temprano María M. se ubicó en la parada de bus del parque Turbay a la espera de su ruta color rojo con letras blancas que dice Cra. 27, la misma que todos los días la bajaba al centro de la ciudad. Pasaban los minutos y María miraba a lo lejos esperando que despuntara la parte frontal de aquel bus. Sin embargo, éste nunca llegó. La vía se notaba más desolada que de costumbre. Pese a ser sábado, el flujo vehicular por esta arteria de la ciudad se va haciendo intenso desde pasadas las ocho de la mañana.Pero esta vez era diferente. Valencia, Cra. 27, Bucarica, Piedecuesta, y otras tantas rutas que acostumbraban tomar este camino habían desaparecido de la carpeta asfáltica. Solo unos buses verdes circulaban por la zona y María, que no los conocía, hacía caso omiso de ellos. Después de un rato de espera, decidió preguntarle a la señora de los caramelos: ‘¿qué estará pasando?’, le dijo.Pues justamente era lo contrario, que los buses ya no estaban pasando por allí. La llegada del nuevo servicio de transporte masivo había empezado a modificar las costumbres de movilidad del sector. De seis o siete buses que antes pasaban por la 27 en menos de cinco minutos, ahora lo hacía uno solo: el P3 Bucarica UIS.
Como María, mucha gente se quedó esperando sus tradicionales rutas, desconociendo que la era del Metrolínea había llegado. Otros, en cambio, estaban al tanto de los cambios y sin pensarlo tomaron el llamado padrón, un bus más grande de lo normal, con capacidad para 90 pasajeros. Vecinos del sector cuentan que el descontrol de los primeros días fue evidente, pero ha ido amainando. “Al comienzo fue tenaz. La gente estaba perdida, no sabía qué hacer. Las paradas se veían llenas de personas esperando el bus normal, y finalmente se aburrían y se iban. Pero ya se han acostumbrado”, dijo el dueño de un local que da de frente a la conocida vía.
Quienes frecuentan la carrera 27 como ruta para llegar a su sitio de trabajo o estudio han notado la diferencia. Especialmente el primer día la vía se vio despejada, sin tanto bus y con apenas unas carrocerías verdes iluminadas. El ambiente también es distinto. Algunos pasajeros aseguran que hay más tranquilidad. Sin embargo, el incidente de un joven universitario atracado dentro de un bus y que tuvo que bajarse en la parada del parque Turbay, empañó un poco el inicio del servicio en este sector de la ciudad. Por lo demás, hoy la carrera 27 es distinta, se ve diferente, se respira otro aire.
Los vecinos, acostumbrados a tomar diversas rutas, ya saben que 20 padrones de 13 metros de largo atienden ahora el recorrido hasta la UIS por toda la 27 y que si desean utilizar las tradicionales deben desplazarse hasta la carrera 21 para volver a ver el Cra. 27 el de color rojo con letras blancas.
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