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| Mar 1, 2013 | Punto de Vista

Pequeñas obras que podrían evitar muertes

(Fabio Peña)

(Fabio Peña)

El área metropolitana de Bucaramanga se está llenando de trampas mortales tanto para transeúntes como para conductores, sin que las autoridades o las entidades encargadas muevan un dedo para buscar una solución.

Por un lado están los huecos, zanjas, alcantarillas sin tapa y andenes con malformaciones que se riegan a lo largo de las cientos de metros de vías utilizadas por quienes se desplazan a pie por la ciudad. Estos obstáculos han sido causantes de caídas, rasponazos, torceduras y magulladuras que nadie se atreve a denunciar por considerarlo algo menor.

Sin embargo, hay tres casos puntuales que están a punto de ocasionar graves tragedias y que requieren de atención inmediata por parte de quienes corresponda.

El primero, el resalto o policía acostado instalado hace poco en el anillo vial que no se percibe con facilidad y que ha generado choques, salidas de la vía con volcada incluida de más de un carro. ¿Solución? Pintar el resalto debidamente y  tener una buena señalización.

El segundo son los bolardos de la estación de Metrolínea en Lagos sobre la autopista Florida-Bucaramanga. Allí, la falta de señalización y pintura ha hecho estrellar a varios carros, especialmente en horas nocturnas.

Y el tercero es el escape de agua, también en el anillo vial, pero esta vez frente a Mediterrané que ha convertido esta vía nacional en un jabón. Varios vehículos ya han sufrido las consecuencias, sin  que nadie se haya apersonado de los arreglos.

 La solución a estos problemas no tiene mayor costo económico, pero, al parecer, hay que esperar a que haya más muertos para que le pongan atención.