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| Jul 15, 2011 | Columnistas

El conducir y la bocina

Gilberto Camargo Amorocho. columnista de GENTE

Gilberto Camargo Amorocho

Es normal que en el mundo desarrollado el uso de la bocina o pito de un automóvil se use raras veces. La norma internacional y las de los fabricantes de vehículos, la describen como un artículo preventivo y de uso en casos muy esporádicos.

Recomiendan que en la medida de lo posible, no toque la bocina, técnicamente está diseñada solo con una intención: alertar sonoramente a los demás conductores ante un imprevisto.

La bocina es un dispositivo, adherido al timón, que al ser presionado emite un sonido. Se dice que una de las propiedades físicas de un sonido es su movimiento en ondas que va hacia todas las direcciones, significa que afecta a cuanta persona está a su alrededor, por eso se requiere algo de cultura.

Otras de las características de las bocinas es que están construidas para tener siempre un tono alto, por eso se aconseja usarla una sola vez para lograr el objetivo de servir de alerta sonora, superar ese número de usos es traspasar un estado normal de tolerancia.

Popularmente se dice que el grado de cultura al conducir se refleja en su relación directamente proporcional al número de bocinazos.

Dicen los policías de tránsito que muchos conductores, la mayoría expertos en impuntualidad de citas, desean ponerle a cada bocinazo palabras duras y que cada vez que pitan es un mensaje subliminal que envían, pero en medio de un trancón poco o nada logran.

También está prohibido tocar la bocina para apurar a alguien para que salga rápido de su casa, para descargar su furia, dentro de un parqueadero, para lanzar un piropo o a un vehículo que adelante esta varado…

Con más pitar, la bocina no tiene las propiedades mágicas de hacer desaparecer vehículos o darles alas para que salgan volando, en ese estado lo único que se recomienda es calmarse.

En conclusión, se considera adecuado presionarla por 2 segundos o menos, cualquier cosa por encima de los 2 segundos es una salvajada, dicen los eruditos.