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| Abr 27, 2012 | Punto de Vista

Los gringos pusieron el dedo en la llaga

FABIO EDUARDO PEÑA G. / EDITOR GENTE

FABIO EDUARDO PEÑA G. / EDITOR GENTE

  Cipote escándalo el que se armó con el conejo que le hicieron los miembros del servicio secreto de Estados Unidos a un par de ‘¿damas?’ de compañía durante la Cumbre de las Américas.

            Periódicos de Estados Unidos le han dado amplio despliegue a la información, ¡claro! poniéndose casi como víctimas.

            Eso ha desatado la ira del jet set nacional que ha visto agredida a la niña de sus ojos, como lo es Cartagena.

            La polémica se ha centrado en si con este hecho la ciudad amurallada se va a ver afectada y su turismo disminuido, si se afectan las finanzas de los reconocidos hoteles, restaurantes, centros de convenciones y discotecas, muy visitadas por presidentes, empresarios, personajes de la farándula, etc. etc.

            Lo que poco se ha tratado es el tema de fondo, el de la prostitución, no solo de Cartagena, sino de Medellín, Cali, Bogotá, nuestra querida Bucaramanga y cientos de municipios más.

Ese debería ser el tema de debate en todos los círculos de nuestra sociedad.

            Hace años las prostitutas eran vistas con cierta reserva, tenían un lugar específico de trabajo en la ciudad, hoy comparten con nosotros la universidad, el trabajo, el edificio donde vivimos y todo parece normal.

            La diferencia está en que ahora se llaman acompañantes o prepago, pero son lo mismo.

            La sociedad se acostumbró a esta descomposición social y a lo que muchas de ellas llaman forma de trabajo, con el agravante de que hasta fomentamos esta situación porque estoy seguro de que muchos de los que hablan del caso de los gringos por la forma, mas no por el fondo, están esperando que las ‘niñas’ de marras aparezcan en la próxima portada de Soho.