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| Oct 23, 2015 | Columnistas

Razones son buenas sorderas

GENTE DE CABECERA

Camilo Umaña

Por Camilo Umaña Valdivieso, psiquiatra y humanista

Las personas que nos rodean tienen muy buena dosis de sentido común, la usan selectivamente según su conveniencia en la cotidianidad; eso genera la posibilidad de ser blanco de influencias que quiebren sus reservas morales.

Pero ese no es el problema de fondo. La real preocupación es cuál será la influencia en la sociedad ante las decisiones que cada día tomemos, y el voto democrático es uno de ellos.

Que la voluntad sea doblegada por el poder del dinero es una consecuencia muy indeseable en el deseo colectivo de que las cosas se hagan sin actos dolosos. Ya los órganos de vigilancia han demostrado que la punta del iceberg existe y que el resto de la masa de hielo está tolerada en razones técnicas de “cumplir la ley”, a sabiendas de que ella deja puertas abiertas para que la corrupción siga manejando la conciencia de las mayorías manipulables.

Eso lo saben los poderosos que conocen cuáles son los puntos débiles de las personas influenciables.

Depende de los intereses que cada uno tengamos; además de la capacidad de ser profundo que no a todo el mundo el creador nos ha dado.

La limitada capacidad de decisión libre en un medio que se precia de democrático hace a ese “depredador democrático” creerse en el derecho de tomar lo que puede acceder, y menospreciar el derecho a la libertad de conciencia. Al comprarla marca el más execrable producto del poder, el poder de la compra de conciencias.

El que vende su conciencia es porque tiene algo que le falla; o es el grado de entendimiento, o es que estamos ante tanta pobreza que cualquier migaja es miel.

O es sordera, a eso que increpábamos al comienzo de esta reflexión: ¿El sentido común lo estaremos usando aquí?