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| Ago 26, 2016 | Nuestra Gente

‘Envejecer es un arte y un don’

Tres grandes mujeres que viven en el sector y de quienes debemos aprender mucho en este paso por la vida. - Fabián Hernández/ GENTE DE CABECERA

Tres grandes mujeres que viven en el sector y de quienes debemos aprender mucho en este paso por la vida. – Fabián Hernández/ GENTE DE CABECERA

Diana Lucía Díaz Patiño/Gente de Cabecera

Muchos años y tres historias de vida convergen en esta mesa. Historias diferentes pero no distantes; al contrario, muy unidas pues están guiadas por el mismo espíritu de servicio y amor por la comunidad.

María Victoria Orozco, Carmen Mantilla de Camacho y María Eugenia Rodríguez, tres mujeres de nuestro sector, fueron condecoradas por la Alcaldía de Bucaramanga en este mes del adulto mayor por hacer de su vida, un camino de servicio.

En una tarde de juegos y recuerdos, ellas le contaron a Gente de Cabecera sus experiencias de vida, sus saberes y sus secretos para una vida bien vivida.

Servicio: vocación y propósito

A través de la docencia, Carmencita, como la llama casi todo el mundo, ayudó en la formación y superación de varias generaciones.

María Eugenia, por su parte, tiene el claro propósito de vida de aportar a que la sociedad sea mejor. Usa su talento como escritora, y su formación en gerontología y espiritualidad, para recibir a todos quienes la visitan en busca de consejo y respuestas.

Y está María Victoria, quien ha dedicado sus energías, primero a estudiar sobre gerontología, enfermería y salud mental, para luego velar por el bienestar de los adultos mayores. Hace 13 años, lo hace a través de la Fundación Yerbabuena.

Por eso, el amor y el servicio son dos palabras y acciones clave para lo que ellas consideran una vida plena y bien aprovechada.

“Una vida bien vivida empieza en los primeros años, con lo que yo voy aprendiendo en casa: una estructura de valores que se ponen al servicio de las personas”, comenta María Victoria.

Familia, antídoto contra la soledad

Mientras enseña fotos y comparte anécdotas, María Eugenia cuenta que desde hace 15 años, durante el mes de mayo, convoca a las familias de su sector a rezar el Santo Rosario. De casa en casa, acompañado de un compartir y hasta celebraciones de cumpleaños, esta actividad se ha vuelto una tradición y una perfecta excusa para que todos los vecinos se reúnan.

Algo que ella considera fundamental para una vida sana y una vejez digna, dado que la mayoría de ellos pertenecen a la tercera edad. “Además de rezar el Rosario en familia, el hecho de encontrarse todos es especial”.

Esto lo comparte María Victoria, pues en su trabajo con la población mayor de Bucaramanga, y en su Fundación, ha visto que la calidad humana y el factor unión hacen la diferencia.

“Aquí cada quien se convierte en el apoyo del otro, a través de la escucha, la compañía… Acá celebramos la vida”.

“La vejez, un regalo de Dios”

Como buenas conocedoras del tema, estas tres mujeres también han sido testigos de la indiferencia, el abandono y la estigmatización a la que en nuestra sociedad se somete a la población mayor gran parte del tiempo.

“Le hemos tenido un poco de miedo por la publicidad que se hace, que lo importante, lo bueno y lo bonito, es la gente joven, la perfección física… mientras los valores fundamentales de la edad mayor se niegan y los jóvenes tienen miedo de llegar a la edad mayor porque nuestra arruga no se valora, nuestro caminar lento no se valora, nuestro pensar lento no se valora (…) pero la verdad es que envejecer es muy bonito, es un orgullo y un privilegio”.

Por eso, creen que es imperante que en nuestra sociedad se empiece a querer, a valorar, a significar la persona mayor, y sobre todo a trabajar por brindarle las mejores opciones, coherente con sus necesidades, su historia de vida y el logro de su bienestar.

Con esta esperanza, pero sobre todo con este propósito que viven y replican a diario, María Eugenia, Carmencita y María Victoria toman los últimos sorbos de té mientras se despiden con una especie de consigna y consejo: “Acá seguimos disfrutando el momento presente”.

María Eugenia Rodríguez Vesga

Gerontóloga por profesión y vocación.
Condecorada con la Orden de Bucaramanga al Mérito Femenino Manuela ‘Beltrán’ porque “se ha destacado como una ciudadana ejemplar que durante años ha servido a su ciudad y que con su distinguida creatividad ha llegado a las mentes y corazones de los bumangueses través de sus acciones y mensajes de esperanza.
Fundadora de varios periódicos y primera mujer gerente en 1972, es digno ejemplo de superación personal y profesional, referente clave para las nuevas generaciones de mujeres”.
María Eugenia es coautora del libro ‘Trascendencia’, el cual reúne información para mantener la salud física y anímica de los adultos mayores. A su tienda de productos religiosos y acuden diariamente personas en busca de consejo y asesoría espiritual, a quienes atiende siempre con brazos abiertos y oídos generosos, sin recibir más remuneración que la satisfacción de ayudar al prójimo.
La caracteriza su amor por la palabra, el cual expresa en mensajes de positivismo que ha plasmado en calendarios, cartas, columnas, libros, cartillas y hasta con flores en el jardín de su casa.

 

María Victoria Orozco Vargas

Enfermera, especialista en salud mental y gerontóloga.
Recibió la Orden ‘Manuela Beltrán’ porque “ha aportado toda una experiencia y vida al servicio de la comunidad de los adultos mayores (…) y por su aporte para la comunidad investigativa especializada en el servicio y apoyo” a esta población “y por honrar la sabiduría de quienes con su experiencia han ayudado a construir una mejor historia para todos”.

María Victoria fue docente por 27 años de la Facultad de Salud de la Universidad Industrial de Santander. Es la creadora y directora de la
Fundación Yerbabuena, la que considera su proyecto de vida. Yerbabuena es un centro gerontológico que desde hace 13 años se dedica a servir y brindar amor incondicional a los adultos mayores que llegan allí.

En Yerbabuena, “un jardín cultivado con historias de amor donde se celebra la vida”, como lo define María Victoria, se propende por el bienestar del adulto mayor a través de un cuidado personalizado, y actividades de estimulación física y cognitiva.

El amor de esta mujer por los adultos mayores nació desde que era muy pequeña, al compartir con sus abuelas. Desde temprana edad, la impactó la experiencia, la ternura y el potencial, que pocos logran ver, de los adultos mayores.

 

Carmen Mantilla de Camacho

“Destacada como Mujer del Año por Woman’s Club, se ha convertido en un gran ejemplo a seguir para las nuevas generaciones, gracias al amor y la dedicación entregados incondicionalmente en el desarrollo de sus labores (…) y por su vocación de servir a la comunidad desde su experiencia en la pedagogía y la formación”, como se lee en el acta de su condecoración.

Acaba de celebrar su cumpleaños número 100, y además de seguir siendo una mujer alegre y activa, recuerda con detalles sus más de 70 años en la docencia, así como los 40 años de trabajo con niños sordos.

Su vida como maestra inició a los 18 años, cuando apenas se graduaba de la Escuela Normal Superior de Bucaramanga. Trabajó en la rehabilitación de más de 200 niños a través de Centrahabilitar, instituto de la audición y el lenguaje.

Conocida entre sus familiares, amigos y allegados como Carmencita, la identifican su alegría, su elegancia, su amabilidad y positivismo. Jugar cartas con sus amigas es hoy en día una de sus mayores aficiones.