Menú de categorías

| Nov 1, 2019 | Tendencias

La familia como fuente de salud o enfermedad

Para los expertos, los patrones heredados de la familia de la infancia pueden repercutir de manera negativa durante la vida adulta, especialmente de los hijos. - Banco de Imágenes / GENTE DE CABECERA

Para los expertos, los patrones heredados de la familia de la infancia pueden repercutir de manera negativa durante la vida adulta, especialmente de los hijos. – Banco de Imágenes / GENTE DE CABECERA

La familia es una de las instituciones sociales más importantes, dado que constituye parte fundamental en la educación de los individuos, especialmente durante los primeros años de vida.

Es así como el núcleo familiar genera una serie de hábitos y dinámicas que influyen en el desarrollo emocional de cada uno de sus miembros.

Es por eso que algunos expertos vinculan la relación familiar con el bienestar personal. Uno de ellos es el coach emocional y de salud Alejandro Lorente, quien sostiene que aquella persona que mantiene una sana convivencia familiar tiene más probabilidades de gozar de un mejor estado de salud, que aquella que convive dentro de un núcleo familiar “tóxico”.

Le puede interesar: ¿Cómo fortalecer los vínculos en las familias?

“Aquellos códigos emocionales dañinos que adquirimos durante la infancia, adolescencia y que seguimos alimentando en la adultez a través de nuestra familia, terminan por repercutir en el deterioro de nuestra salud emocional así como en la salud física”, señaló el coach.

Lorente, quien también es médico, asegura que las emociones repercuten directamente en la generación de problemas de salud que se derivan del estrés.

“Una familia disfuncional es una fuente increíble de estrés. Este factor analizado desde el punto de vista de la salud es el causante del 80% de las enfermedades”, añadió Alejandro Lorente.

Dichas relaciones terminan por afectar no sólo la vida personal, sino que además trascienden a la esfera social, afectiva y laboral de la personas, deteriorando todos los aspectos de su vida.

Vea además: ¿Cómo integrar a los abuelos a la familia durante su vejez?

Es por esa razón que el experto invita a las personas a identificar esas situaciones familiares que pueden estar impactando directamente en los patrones emocionales que pueden estar contribuyendo a que su bienestar emocional y físico se vea afectados, con el fin de intentar mejorarlas, dejarlas atrás o en otro caso buscar ayuda profesional.

En su más reciente libro “Teatro de Familia”, Alejandro Lorente desarrolla a profundidad el papel de la familia dentro de la salud psicoemocional. - Tomada de Internet / GENTE DE CABECERA

En su más reciente libro “Teatro de Familia”, Alejandro Lorente desarrolla a profundidad el papel de la familia dentro de la salud psicoemocional. – Tomada de Internet / GENTE DE CABECERA

“Es muy importante hacer una revisión personal en la que seamos capaces de ver cosas que normalmente no vemos porque estamos inmersos en ellas y estamos acostumbrados, pero que pueden estar haciéndonos daño”, agregó el coach español.

Comportamientos de familias tóxicas

El psicólogo social, Xavier Molina, del portal “Psicología y Mente”, hace una descripción de algunos de los comportamientos más comunes dentro de las familias que pueden afectar su bienestar, con el fin de que pueda identificarlos.

1. Etiquetas y roles: Todos los padres, en alguna ocasión hemos puesto alguna etiqueta a nuestro hijo. Frases como “el niño es muy inquieto”, “es vergonzoso” o “tiene mal carácter”, son muestra de sentencias que, aunque los adultos no se dan cuenta, están causando un fuerte impacto emocional a los hijos.

Estas etiquetas afectan a la identidad del niño, a cómo se percibe y se valora a sí mismo.

“A pesar de que el niño quizá no sea vergonzoso realmente, oír ese adjetivo repetidamente en las personas de su familia, a las que admira, sientan un precedente sobre cómo debe comportarse o actuar, de acuerdo con las expectativas generadas. Esto es lo que se conoce como profecía autocumplida o Efecto Pigmalión, ya que el rol o la etiqueta que los adultos le han impuesto al niño acaba convirtiéndose en una realidad”, explicó el psicólogo social.

2. Amores que matan: Muchos padres y madres usan una máxima recurrente que repiten a sus hijos siempre: “nadie te va a querer como te queremos nosotros”. Esta frase, aunque puede tener gran parte de razón, frecuentemente hace que muchas personas que se han sentido poco queridas en su entorno familiar, asuman que, de alguna manera, no tienen ningún derecho a sentirse mal, puesto que todo lo que hizo su familia fue “por su bien”.

Esto, en casos extremos, puede llevar a que no se denuncien situaciones de abuso o malos tratos.

“Hay que empezar a redefinir el amor fraternal de una forma más sana. El amor de una familia es obvio, pero hay amores mal entendidos, amores que matan.

“Compartir genes con alguien no es motivo para que alguien se crea con el derecho de hacerte daño, manipularte o coaccionarte. Sentar las bases de las relaciones familiares en el respeto es el primer paso hacia una mejor comprensión de nuestras identidades y espacios”.

 Banco de Imágenes / GENTE DE CABECERA

Lea también: ¿Cómo manejar la rebeldía en los hijos adolescentes?

3. Padres sobreprotectores: Una de las tareas más difíciles de los padres a la hora de educar a sus hijos es mantener un equilibrio entre establecer normas y hábitos de comportamiento y amar y consentir a los pequeños de la casa. En este caso los extremos no son nada aconsejables, y mientras que algunos padres pecan de negligentes y desatienden a sus hijos, otros son sobreprotectores y están demasiado encima de ellos.

“Este estilo de familia no es positivo en absoluto, ya que los hijos no se enfrentan a situaciones sociales o de riesgo controlado por la sobreprotección que ejercen sus padres, con lo cual no vive las experiencias necesarias para que pueda madurar y afrontar sus propios retos. La sobreprotección puede llegar a dañar su aprendizaje y la confianza en sí mismos”, señaló Molina.

4. Deseos e inseguridades proyectadas en los hijos: Los hijos no deben servir como una forma de arreglar problemas de pareja, ni una forma de trasladar las frustraciones y deseos incumplidos de los padres hacia ellos.

“Los padres quieren que su hijo sea el más inteligente de la clase y el mejor en los deportes, pero hay que evitar a toda costa que carguen con la presión de esos deseos. Tratar de comparar o presionar a un hijo para que sea lo que usted quiera que sea, no solo le aboca a una situación de vulnerabilidad emocional, sino que puede mermar su autoestima y coartar el libre desarrollo de su personalidad.

“Déjelo que haga su camino y decida por sí mismo, bríndele su apoyo y los consejos necesarios, pero no proyecte en él lo que usted hubiera querido ser”, puntualizó el profesional.