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| Feb 25, 2011 | Gente de Aquí

Toda una vida de servicio

 

El doctor Hernando Abril se graduó bachiller de 16 años, del colegio Santander

Doctor Hernando Abril

Tres palabras han marcado desde siempre a Hernando Abril: medicina, música y servicio.

Este médico bumangués ha dedicado gran parte de su vida a su carrera profesional, a la composición y apreciación de la música de su época y al servicio a través del Club de Leones.

Gente de Cabecera habló con la experiencia, lealtad, solidaridad y alegría que representan a este hijo de Santander.

¿Cómo se hizo médico?

“Cuando estaba pequeño cogíamos las lagartijas y un día se me dio por abrir una para ver qué tenía por dentro. Entonces mi papá me dijo: “Hijo, yo creo que usted va a ser médico…” y a los 22 años terminé Medicina en la Universidad Javeriana, en Bogotá. No me querían dejar graduar preciso porque era muy ‘pollo’, pero trabajé en un proyecto de grado en el que para esa época nunca nadie había escrito sobre eso: una deformidad del tórax en la parte interior llamada pecho excavado. Esto y otros dos años de experiencia en el hospital San José, en Bogotá, hicieron que me graduara pronto”.

 

El doctor Hernando Abril se graduó bachiller de 16 años, del colegio Santander

Doctor Hernando Abril

¿Qué anécdota lo ha marcado en su carrera médica?

“Cuando estaba en El Carmen de Carupa había un gamonal o esa persona que manda en el pueblo, que se hace solo lo que él diga. Supo que yo tenía ideología liberal y se le despertó el odio hacia mí. Una noche llegaron a las 11 a. m. y apagaron la luz del pueblo y de pronto golpearon en la puerta mía: “Doctor, venga con nosotros”.

Me llevaron por un camino oscuro a una casa y allá estaba el gamonal que me dijo: “¿Usted es el nuevo doctorcito del pueblo?” Yo le dije: “Sí a la orden”. Me dijo: “Mire lo que hay ahí”. Vi una mujer en el piso con vísperas de tener un bebé.

“Esa es mi mujer, me la salva a ella y al bebé. Si no lo hace mire para atrás”… estaban  allí los hombres que me sacaron de la casa, armados y apuntándome.

Sin elementos de trabajo atendí el parto. El niño venía atravesado y tuve que hacer maniobras para salvarlos. Por fortuna todo salió bien.

Me dejaron ir a la casa. Al siguiente día este tipo belicoso y temeroso llegó al hospital a saludarme en la forma más amable del mundo. El acto que tuve con su mujer y su hijo lo hicieron cambiar con todo mundo, siendo luego una persona especial con todos”.

¿Qué le gusta?

“Me encanta la vida social, me fascina el ser humano, compartir, vivir, escuchar, bailar, gozar y escuchar música”.

¿Y el ingreso al Club de Leones?

“Fue gracias a la invitación que me hizo un médico del Huila, en Ubaté. Acá fundé el primer Club de Leones de Bucaramanga, que es el que se denomina Centro.

Comencé a llamar a amigos, comerciantes, industriales y colegas y en un día de abril de 1964 creamos el club, y a los dos meses nos entregaron, enviada de Estados Unidos, la carta constitutiva.

Comencé a trabajar en una entrega de 24 horas diarias, descuidando a ratos la medicina, sin embargo las obras fueron fructíferas, pues ayudamos a construir el hospital Ramón González Valencia y a gestionar la llegada de aviones más grandes al aeropuerto Gómez Niño.

Y aún seguimos trabajando por los más necesitados en Bucaramanga.

¿Por qué el gusto por la música?

“Desde los 4 años papá nos enseñaba pasillos, valses, mazurcas, bambucos. Ya en la universidad teníamos un grupo de estudiantes de medicina entre los que estaba Jorge Villamil, con quienes nos reuníamos a jugar y a componer canciones, eran épocas muy bonitas.

En cambio los géneros de ahora son muy raros que ya ni se saben los nombres, que el puncky, que el panky … a mí háblenme de una ranchera, un bolero, un son cubano, un bambuco, un paso doble, un tango argentino”.