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| May 11, 2012 | En estas calles, Histórico

El eclecticismo de la 42 y sus alrededores

Con la orientación del arquitecto, Antonio José Díaz Ardila, el acompañamiento del alcalde, Luis Francisco Bohórquez y medio centenar de vecinos, Gente de Cabecera recorrió algunos sectores de El Prado y Cabecera como la calle 42, carreras 34 y 35, así como el sector de San Pío, para conocer parte de la historia de esta zona.

Primer edificio.

Primer edificio.

En la esquina de la calle 42 con Avenida Las Américas, un edificio blanco de nueve pisos, 14 apartamentos y dos locales comerciales, se levanta.

 Sus balcones, con vista a la 42, sobresalen del rectángulo de aproximadamente cuarenta metros de alto.

Santa Lucía, como lo bautizaron sus propietarios, fue durante muchos años el ‘rascacielos’ de Cabecera y de Bucaramanga, como quiera que fue el primer edificio de propiedad horizontal que había en la meseta en 1962.

La obra, diseñada por el arquitecto Mario Pilonieta, fue un encargo de la familia Martínez-Villalba que vivía en una casa aledaña al lote sobre la misma vía, comúnmente conocida como la carrera 33.

Esa casa, propiedad de doña Emma de Martínez-Villalba, alojó un pequeño supermercado que con el paso del tiempo creció hasta convertirse en el apreciado y recordado Mercadefam.

“En la ciudad había unos pequeños edificios en el centro como el edificio Chile y el Saaibi que no eran de propiedad horizontal. Después del Santa Lucía aparecieron en el sector otros edificios como el San Felipe y el San Nicolás, que se consolidaron en los años 60 y 70”, recuerda el arquitecto Antonio José Díaz Ardila.

Una arquitectura ecléctica

Casa de don Ambrosio Peña Puyana.

Casa de don Ambrosio Peña Puyana.

Pasos arriba del Santa Lucía se habían construido veinte años atrás unas verdaderas joyas arquitectónicas. Se trataba de casonas con variadas formas, que aún hoy se conservan y que le dan ese ambiente particular al barrio El Prado.

“Estas casas no tienen un estilo muy definido porque a mitad de siglo los arquitectos utilizaron un término que era el eclecticismo que era revolver muchos estilos”.

Ejemplos de esta tendencia son las casas ubicadas sobre la calle 42 con carrera 34.

 

La primera perteneció a don Ambrosio Peña Puyana, empresario de Bucaramanga, quien casualmente se radicó allí el 9 de abril de 1948, justo cuando en Bogotá se produjo la trágica muerte del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán, que desencadenó la alternación del orden público en todo el país.

   Dicha mansión corresponde a un estilo de vivienda tipo villa española, con enormes arcos en piedra y un solar gigante.

Varios años después, la empresa Terpel adquirió el predio, conservó su estructura y en el solar construyó un edificio de oficinas.

Hoy la casa es ocupada por la empresa Transportadora de Gas Internacional –TGI-.

Frente a esta se encuentra la casa que perteneció a Gilda Azuero Paillié y que actualmente ocupa otra familia.

Su estilo escandinavo (con techos en triángulo) tiene una arquitectura sencilla, sobria y bien manejada. “Lo curioso es que esas casas se hacían en Europa con el fin de que la nieve rodara por sus techos, pero aquí la gente copiaba la imagen”, sostiene Díaz Ardila.

Metros abajo, en la esquina de la carrera 34 con 42 hay otra casa cuya arquitectura no es tan representativa como las anteriores pero que alberga un gran sentimiento ya que fue propiedad de la familia Parra Turbay, padres de nuestra reina Ana Milena, quien en 1978 le dio a Santander la tercera corona de la belleza nacional.

Casa familia Parra Turbay.

Casa familia Parra Turbay.

Sus familiares, descendientes de don Gabriel Turbay, aún residen allí.

Como esta hay otras casas que han sido morada de prestigiosas familias como los Mutis Peralta, o don Rafael Pérez Martínez.

También hay casas que vale la pena preservar como la casa de arcos blancos sobre la carrera 34 con 44 que refleja lo vivido en los años 60 y 70.

 

Manzana hecha club

El área y la arquitectura de las residencias que conforman esta zona de Bucaramanga han llamado la atención de comerciantes y empresarios que ven allí la posibilidad de instalar sus oficinas.

 

Tal vez por eso en una de sus cuadras echó raíces el Club de Profesionales, entidad que nació en los años 60 cuando un grupo de amigos decidió constituir una corporación de profesionales de Santander.

    Aunque primero ocuparon una casona en la carrera 27 con calle 34, poco a poco fueron adquiriendo predios en el sector de la calle 44 entre carreras 34 y 35 hasta que, cincuenta años después, son dueños de toda la manzana, excepto de la casa de doña Edith Turbay de Liévano.

El parque de don Guillermo

Traspasando los límites del barrio El Prado y adentrándose al barrio Cabecera se encuentra el sector de San Pío, conformado por un parque, pulmón de la ciudad, y una iglesia con el mismo nombre y con una historia hasta hoy desconocida.

El parque tiene como triste anécdota que en los años 70 fue dividido en dos con el fin de permitir la continuación de la carrera 35 A.

“En una alcaldada una noche demolieron los árboles y atravesaron la vía. Hicimos una manifestación que cubrió doña Gloria Valencia de Castaño en su programa Naturalia y nosotros en forma un poco agresiva rompimos el pavimento y volvimos a sembrar los árboles. Sin embargo, eso solo sirvió para la foto de Vanguardia, nada más”, recuerda Antonio José.

El parque, que muchos conocen como San Pío y que las nuevas generaciones lo están llamando el parque de la gorda (por la escultura del maestro Fernando Botero), es en

Caminata cultural.

Caminata cultural.

realidad el parque Guillermo Sorzano González.

Don Guillermo fue un alcalde que en la décadas de los 60 andaba en moto y que, cuentan los historiadores, salía a las cinco de la mañana a hacer recorrido por la ciudad para anotar los problemas que veía y luego llamar la atención de sus funcionarios.

A él se debe el nombre de esta zona verde que comprende dos manzanas y que correspondió a una cesión que hizo la constructora Urbanas.

La iglesia que iban a tumbar

En la parte oriental del parque está la iglesia de San Pío que según confesó el propio Antonio José Díaz Ardila, estuvo a punto de ser demolida.

“Cuando estuvo monseñor Castrillón Restrepo como obispo de Bucaramanga nos llamó a Herber Ariza (que en paz descanse) y a mí para que presentáramos un proyecto, el proyecto era demoler la iglesia San Pio y hacer un edificio de 25 pisos. Yo socarronamente le dije monseñor ¿o sea que ya no vamos a tener casa de Dios sino apartamento de Dios? El Papa se lo llevó y el proyecto no se hizo, porque él quería hacer una iglesia en el primer piso como una plataforma comercial y encima el edificio”.