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| Feb 14, 2014 | Nuestra Gente

Cecilia tiene 95 años… y todavía pinta

 

Cecilia Morales de Niño nació hace 95 años en Málaga, Santander, y desde los veinte se inició en el arte de la pintura.

Cecilia Morales de Niño nació hace 95 años en Málaga, Santander, y desde los veinte se inició en el arte de la pintura. (Fotos Laura Herrera).

No hay poder humano que detenga las ganas constantes de pintar que Cecilia Morales de Niño tiene desde los 20 años.

Ni la suma de sus arrugas, ni los recuerdos que a ratos se disipan, ni sus manos que a ratos se le duermen… la pasión por pintar es incesante en esta mujer de 95 años.

Sus primeras pinceladas las dio al lado del maestro Óscar Rodríguez Naranjo (1907-2006) cuando tomó un curso con él.

“Lo conocí porque era el profesor de pintura del colegio Santa Teresita, cuando quedaba en lo que hoy es el Centro Cultural del Oriente. Él nos llevaba y nos ponía a pintar las peñas casas por los lados de Girón. Era un gran maestro”, dijo recordando con esfuerzo algunos apartes de su vida.

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Su historia

Cecilia fue docente del colegio Santa Teresita, Bucaramanga

Cecilia fue docente del colegio Santa Teresita, Bucaramanga

Cecilia nació en 1919 en Málaga (Santander), pero desde muy joven sus papás trasladaron su residencia a Bucaramanga.

Aquí, recién culminado el bachillerato, se dedicó a viajar a los sitios donde laboraban sus hermanos, quienes tenían ya una carrera militar avanzada.

Luego conoció al que más tarde fuera su esposo, Arturo Niño, con quien tuvo a Marta y Arturo.

“Primero me dediqué a mis hijos, los llevaba a pasear al parque… luego fui profesora en el Santa Teresita varios años, hasta que me pensioné. Allá dictaba dibujo, canto y cuento. Luego me pidieron que enseñara modistería y como no sabía me tocó hacer un curso para aprender. Y así mismo hice con la pintura, aprendí del maestro Rodríguez Naranjo y luego yo enseñaba en el colegio”, dijo sobre su vida laboral que también alternó como artista desde su casa, donde pintaba cuadros que luego los regalaba a sus familiares y amigos.

“Nunca los vendí porque como no era tan conocida… pues quién me los iba a comprar”.

Es juiciosa, aplicada y eso se nota en las clases que los miérocles en la mañana recibe con la profesora Marta Gómez.

Ella es fiel testigo del talento de sus manos.

“Es mi mejor alumna, mi todo. Es un ejemplo a seguir para las nuevas generaciones, es mi alumna de mostrar”, dijo Gómez.

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