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| Abr 15, 2016 | Punto de Vista

Mi día sin carro

Paola Bernal

Paola Bernal

Paola Bernal, Editora

Solo basta ver las largas filas que se generan desde Piedecuesta para subir un fin de semana a La Mesa de los Santos. O tomar el viaducto un sábado, para avanzar a paso tortuga, producto de la gran cantidad de vehículos que recorren las calles de Bucaramanga y su área metropolitana.

Quizá más de una vez haya pensado que el caos se debe a un accidente, pero vaya sorpresa, el tráfico avanza, y no, el trancón es solo exceso de automotores.

Los fines de semana, en los que la medida del pico y placa no está activa, deberíamos pensar diferente. La mejor propuesta sería decirle “no al carro”, dejarlo en casa, y ayudarle a disminuir la congestión a la ciudad. Sobre todo si va a ir a la oficina por un par de horas o necesita hacer una vuelta personal en el centro de la ciudad, o en zonas como Cabecera o la carrera 27.

Todos hemos presenciado el caos; el tiempo en los traslados se duplica o se multiplica tres veces más de lo planeado. Tal y como ocurre cuando se dañan los semáforos, los sábados la ciudad colapsa. Y se necesita ser un sensei para poder mantener la paz mental.

Solo observe por el retrovisor cómo las personas, ante el afán de llegar y la lentitud de las vías se pasan los semáforos en rojo, gritan por las ventanas, obstruyen las intersecciones y hacen que el caos aumente.

Es importante que el uso del auto, como se dice en una plegaria religiosa, “sea justo y necesario”, los fines de semana. Descansemos por un momento del volante si la situación lo amerita y ayudémosle a la ciudad a respirar diferente, que ese sea nuestro ‘Día sin carro’.